Aquí tienes como todas las semanas los textos de la Eucaristía del domingo, la oración colecta, varias homilías y alguna pista para reflexionar en grupo. Como siempre, vas a dejar que Jesús empape tu corazón de amor haciendo silencio. ¿Cómo? Acallando ruidos exteriores e interiores y estando atenta/o a una Presencia que me enamora, me entusiasma y me ama con locura. HOY, voy a contemplar a JESÚS QUE SE ME PRESENTA CRUCIFICADO, CORONADO DE ESPINAS, CALLADO, SILENCIOSO… Voy a dejarme mirar por Él. ¿Qué me dice HOY a mi vida? ¿A qué me invita? Con mucho Amor nos anunció que podíamos vivir de otra manera… HOY también nos lo dice. Nos anuncia un reino, un proyecto de vida nuevo, una humanidad nueva donde los últimos son los primeros, los que nada cuentan en la sociedad Jesús los restituye a su lugar, los invita al Banquete, una humanidad donde los más olvidados son los primeros comprometidos en este mundo de justicia, paz y amor. Todo ello porque tenemos un Padre común con un corazón como el de una madre grande grande que nos invita a todos a la misma mesa. Entonces, voy a contemplar nuestro mundo con los ojos de Dios y voy a dejar que Jesús “me instruya internamente” y me diga qué puedo hacer yo HOY para que este proyecto sea de verdad una realidad en camino… SIEMPRE PUEDO MODIFICAR MI CAMINO. SIEMPRE PUEDO DEJARME SEDUCIR POR SU PRESENCIA Y CONVERTIRME A SU EVANGELIO DE GRACIA Y AMOR. M. Celeste tuvo una relación muy fuerte con Jesús. He quitado algunos adjetivos del texto porque su lenguaje a veces se hace hoy un poco empalagoso,, según me dicen comoel de una buena napolitana del siglo XVIII, pero el contenido es VIDA porque es EXPERIENCIA y experiencia DE DIOS. Otra pista para orar: Cada día dedica unos minutos más a la oración silenciosa. Verás como poco a poco vas compartiendo más la fe desde la experiencia interna y DIOS VA SIENDO MÁS Y MÁS TU CENTRO Y TU AMOR… Después "ve y diles"… "lo que has visto y oido". ¡Buena Semana! M. Luisa M Celeste Crostarosa nos dice HOY: ¡Dios, amador mío! Te doy infinitas gracias porque te has dignado decir a mi corazón estas dulcísimas palabras llenas de bondad: “Te daré las llaves del reino de los cielos” (Mt. 19 19), queriendo decir con estas palabras que me has dado las llaves de tu amor, que son las llaves del cielo, habiéndome dado a tu Hijo para que viva su vida en mi corazón y yo viva en tu corazón en el cual, Verbo mío, me son revelados los tesoros de tu corazón y el amor de tu Espíritu que habita en mi seno descubriéndome las verdades divinas. Y sigue compartiendo: El amor mío y mi amor eras tú solo. D. 9 52 Oración Roguemos para que todo el Pueblo de Dios llegue a ser más semejante a Cristo nuestro Rey. Oh Dios y Padre nuestro, amante de tu pueblo: Tú quieres que reconozcamos a nuestro Rey en Jesús, coronado de espinas y entronizado en una cruz, como nuestro líder sin ejército ni poder. Con y como él, haz que elijamos el amor como nuestro único poder, y el servicio humilde como nuestra única grandeza. Que sea éste el modo cómo su reinado crezca entre nosotros, hasta que nos lleves a tu alegría y felicidad eternas. Primera lectura Lectura del segundo libro de Samuel (5,1-3): En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron: «Hueso tuyo y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: "Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel."» Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel. Salmo Sal 121,1-2.4-5 R/. Vamos alegres a la casa del Señor Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R/. Allá suben las tribus, las tribus del Señor, según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor; en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R/. Segunda lectura Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1,12-20): Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. El es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz. Evangelio Lectura del santo evangelio según san Lucas (23,35-43): En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.» Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.» Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.» Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.» Pero el otro lo increpaba: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.» Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.» Vivir para el reino de Dios Una pregunta brota en quien busca sintonizar con Jesús: ¿qué es para él lo más importante, el centro de su vida, la causa a la que se dedicó por entero, su preferencia absoluta? La respuesta no ofrece duda alguna: Jesús vive para el reino de Dios. Es su verdadera pasión. Por esa causa se desvive y lucha; por esa causa es perseguido y ejecutado. Para Jesús, «solo el reino de Dios es absoluto; todo lo demás es relativo». Lo central en su vida no es Dios simplemente, sino Dios con su proyecto sobre la historia humana. No habla de Dios sin más, sino de Dios y su reino de paz, compasión y justicia. No llama a la gente a hacer penitencia ante Dios, sino a «entrar» en su reino. No invita, sin más, a buscar a Dios, sino a «buscar el reino de Dios y su justicia». Cuando pone en marcha un movimiento de seguidores que prolonguen su misión, no los envía a organizar una nueva religión, sino a anunciar y promover el reino de Dios. ¿Cómo sería la vida si todos nos pareciéramos un poco más a Dios? Este es el gran anhelo de Jesús: construir la vida tal como la quiere Dios. Habrá que hacer muchas cosas, pero hay tareas que Jesús subraya de manera preferente: introducir en el mundo la compasión de Dios; poner a la humanidad mirando hacia los últimos; construir un mundo más justo, empezando por los más olvidados; sembrar gestos de bondad para aliviar el sufrimiento; enseñar a vivir confiando en Dios Padre, que quiere una vida feliz para sus hijos e hijas. Desgraciadamente, el reino de Dios es a veces una realidad olvidada por no pocos cristianos. Muchos no han oído hablar de ese proyecto de Dios; no saben que es la única tarea de la Iglesia y de los cristianos. Ignoran que, para mirar la vida con los ojos de Jesús, hay que mirarla desde la perspectiva del reino de Dios; para vivir como él hay que vivir con su pasión por el reino de Dios. ¿Qué puede haber en estos momentos, para los seguidores de Jesús, más importante que comprometernos en una conversión real del cristianismo al reino de Dios? Ese proyecto de Dios es nuestro objetivo primero. Desde él se nos revela la fe cristiana en su verdad última: amar a Dios es tener hambre y sed de justicia como él; seguir a Jesús es vivir para el reino de Dios como él; pertenecer a la Iglesia es comprometerse por un mundo más justo. Un rey y un reino diferentes Este no es un reino como los demás ni nuestro rey se parece a ninguno de los que ha habido o habrá en la historia de la humanidad. Ya decía Jesús que estamos acostumbrados a que los poderosos nos exploten u opriman pero que entre nosotros no debía ser así. Lo malo es que las personas tendemos a imaginar lo desconocido a partir de su semejanza mayor o menor con las cosas que conocemos. Por eso, el mismo Jesús habló de reino y nosotros hemos terminado haciéndole a él rey. Y de tanto usar las palabras se nos ha colado de rondón la idea de que su reino es eso: un reino, y de que él es rey como lo son los reyes de este mundo. ¿Cómo son los reyes de este mundo? De muchas maneras. Pero me gusta recordar la introducción de un libro de un sociólogo que leí hace muchos años sobre la política. Comenzaba el libro diciendo que en las sociedades animales de todo tipo siempre había un líder. Decía también que ese líder tenía muchas veces funciones de servicio a la comunidad: proteger a los más débiles, buscar alimento, etc. Pero lo que se daba siempre en esas sociedades animales es que el líder se aprovechaba del grupo. Es decir, tenía a su disposición las mejores hembras, era el primero en comer y tenía derecho, pues, a los mejores bocados, etc. Luego comenzaba el libro propiamente dicho a explicar los mecanismos de organización social que hemos dado en llamar “política”. No hacía falta decir nada más para entender que también en la sociedad humana los políticos muchas veces realizan un servicio a la sociedad pero que son más veces las que se aprovechan de ella, de nosotros, para su propio beneficio. El pacto de Hebrón Jesús no quería ser un rey de esa manera. Basta con leer el Evangelio detenidamente para entenderlo. Lo suyo es otra forma de comenzar. Posiblemente sea utópica en el sentido de imposible –por eso le costó la vida cuando lo intentó– pero es ciertamente otra forma de organizar la sociedad. Quizá la clave para comprender a Jesús y su idea de lo que era el reino nos la puede dar la primera lectura de este domingo. El segundo libro de Samuel nos cuenta que todas las tribus de Israel fueron a Hebrón y allí el rey David hizo con ellos un “pacto”. Es muy importante subrayar el “pacto”. Un pacto se hace entre iguales. A un pacto no se llega como resultado del poder de uno sobre los demás sino a través del diálogo, del acuerdo, del buen entendimiento. Y todos son responsables de guardar y llevar a la práctica el pacto. Lo que Jesús nos ofreció de parte de su Padre fue la firma de un nuevo pacto con la humanidad. Para poder llegar a ese acuerdo, Dios tomó la iniciativa: se abajó, no hizo alarde de su categoría de Dios, se puso a nuestro nivel. En definitiva, se encarnó. Pero no le entendieron. Porque no es fácil. Los judíos tenían, como tantos hoy en día, la idea de un líder, un Mesías, que fuese todopoderoso y les solucionase de un golpe todos los problemas. Los judíos, como nosotros tantas veces, no querían sino volver a ser niños y que papá o mamá les hiciese la vida fácil. Ciudadanos libres del Reino de Dios Los judíos eliminaron a Jesús porque en lugar de llevarles a la victoria, a la independencia, a un nuevo reino de esplendor, les invitaba a hacer otro camino diferente: el de su reino, el de la fraternidad, el de la acogida a los marginados, a los pobres, a los indefensos, a los enfermos. Porque el reino del que hablaba Jesús era otra cosa. Jesús era peligroso porque invitaba a la gente a pensar, a ser libre y responsable, a madurar como personas, a no dar por supuesto que lo que hacían los poderosos estaba bien sino a ponerse al nivel y discutir y dialogar y sentirse responsable de buscar el bien común. Lo de Jesús era otra cosa. Así que Jesús es nuestro rey pero no al estilo al que estamos habituados. Es un rey que no se siente superior a nosotros, que se abaja. Es un rey que termina muriendo en la cruz. Es un rey que no cree en el poder de las armas sino en la fuerza de la reconciliación, del amor gratuito, de la misericordia. Es un rey que mantiene la esperanza y que, en medio de las dificultades, es capaz de crear esperanza en el corazón de los que están cerca de él, como vemos en el evangelio de hoy. Hoy tenemos la oportunidad de volver a sellar el pacto con nuestro rey. De igual a igual, nos comprometemos a trabajar por el reino. Mejor, por “su” reino. Creemos que vale la pena y que podemos intentar vivir y relacionarnos de otra manera, no basadas en la ley del más fuerte sino en el amor. La jugada es arriesgada. A Jesús le costó la vida. Pero nosotros estamos llenos de esperanza porque sabemos que el Dios de la Vida está de nuestro lado. Fernando Torres Pérez cmf Jesús nazareno, rey del universo |
La fiesta de Cristo Rey fue establecida por la Iglesia en la época del ocaso de las monarquías con objeto de apoyar a las monarquías y aristocracias, interesadas por la pervivencia del Ancien Régime, y para oponerse a los nacientes regímenes republicanos, que representaban los intereses de los pobres, del liberalismo y de la naciente democracia. Sus orígenes son muy discutibles. Sin embargo, en todo caso, los textos de la liturgia de esta fiesta muestran la manera peculiar en que Cristo sería “Rey”. Conviene recordar en qué consistían las esperanzas mesiánicas del pueblo judío en el tiempo de Jesús: unos esperaban a un nuevo rey, al estilo de David, tal como se lo presenta en la primera lectura de hoy. Otros, un caudillo militar que fuera capaz de derrotar el poderío romano; otros como un nuevo Sumo Sacerdote, que purificaría el Templo. En los tres casos, se esperaba un Mesías triunfante, poderoso. El salmo que leemos hoy, también proclama el modelo davídico de “rey”. Jerusalén, la “ciudad santa” es la ciudad del poder, la ciudad del poder. Eso explica por qué, cuando Jesús anuncia la Pasión a sus seguidores, no logran entender por qué tiene que ir a la muerte. - El evangelio de hoy nos presenta cómo reina Jesús el Cristo: no desde un trono imperial, sino desde la cruz de los rebeldes. La rebelión de Jesús es la más radical de todas: pretende no sólo eliminar un tipo de poder (el romano, o el sacerdotal) para sustituirlo por otro, con un nombre distinto, pero basado en la misma lógica de dominación y violencia (que era lo que correspondía a las expectativas judías). Podríamos decir que Jesús es el anti-modelo de rey de los sistemas opresores: no quiere dominar a las demás personas, sino promover, convocar, suscitar, el poder de cada ser humano, de modo que cada una y cada uno de nosotros asumamos responsablemente el peso y el gozo de nuestra libertad. Uno de los grandes sicólogos del siglo XX, Erich Fromm, plantea, en su libro El miedo a la libertad, que ante la angustia que produce en el ser humano la conciencia de estar separados del resto de la creación, adoptamos dos actitudes igualmente patológicas: dominar a otros, y buscar de quién depender entregándole nuestra libertad. En ambos casos, las personas buscamos cómo, a través de estos mecanismos, disolver esa barrera que nos separa de las otras personas y del resto del universo. El pecado fundamental del ser humano es, según esto, un pecado de poder mal administrado, mal asumido. Y esto es el origen de todos los otros pecados: la avaricia, que conduce a un orden económico injusto; la soberbia, que nos impide ver con claridad nuestros errores y pecados; la mentira, que nos lleva a manipular o a dejarnos manipular; la lujuria, el sexo utilizado como instrumento de poder para “poseer”, oprimir; el miedo, que nos impide levantarnos y caminar sobre nuestros propios pies. Enmarañados en estas trampas del poder a que nos conduce nuestro “miedo a la libertad”, cuando un régimen opresor de cualquier signo que sea se nos hace insoportable, buscamos como derrocarlo... para sustituirlo por otro que sin embargo funciona sobre la misma lógica. Esa es la lógica que Jesús desarticula de manera total y radical. Cuando en Getsemaní acuden los soldados y las turbas “de parte de los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo” (Mt 26, 47) para prender a Jesús, él no recurre a violencia de ningún tipo. Jesús se niega a ser coronado rey al estilo del “mundo” luego de la multiplicación de los panes y los peces (Jn. 6, 15). La tentación del poder, entendido al estilo de los sistemas opresores persigue a Jesús desde el desierto hasta la cruz. Y desde el desierto hasta la cruz, Jesús rechaza este modelo, denuncia con toda claridad que procede del diablo, del “príncipe de este mundo”, no cae en sus trampas. El costo de esta resistencia no sólo valiente sino lúcida de Jesús es la muerte. En la cruz Jesús derrota total y radicalmente al demonio del poder concebido como violencia y opresión por una parte y como dependencia, sumisión y alienación por otra. De este modo que inaugura así un nuevo tipo de relaciones entre las personas y con el universo entero, basadas no en la dominación/dependencia, sino en el respeto mutuo, en la armonía, en la valentía para asumir el peso de la propia libertad responsable. - En la carta a los Colosenses, Pablo señala cómo a través de Jesús el Cristo (primogénito de todas las criaturas, preexistente y co-creador del universo, cabeza de la iglesia, primicia de la plenitud de la Creación entera) se produce la reconciliación de todos los seres con Dios. Esta y otras expresiones paulinas han dado lugar a interpretaciones erróneas, que consideran que la muerte de Jesucristo en la cruz era el precio que había que pagar para que el Padre, enojado y rencoroso, perdonara a la humanidad pecadora. Sin embargo, los evangelios nos muestran con claridad por qué y cómo es que Jesús nos reconcilia con el Padre: no por que ese Dios, padre y madre, sea un dios rencoroso, sino porque habíamos perdido el rumbo de la auténtica unidad con Dios y con el universo entero: esa que no se hace sucumbiendo a nuestro miedo existencia y escudándonos en posiciones de poder (dominante o dependiente) sino superando nuestros miedos, atreviéndonos a presentarnos tal como somos ante Dios, en total pobreza de espíritu, sin escudos protectores que nos impidan ver su rostro. Los cristianos/as proclamamos que Cristo es el alfa y omega de los tiempos, Señor de la Historia. Pero -y sobre todo- que su señorío es el de quien libera de toda forma de opresión y sumisión, que nos da la libertad del Espíritu, que nos devuelve la filiación divina oscurecida por nuestros miedos, debilidades y pecados. Cristo Rey es pues el anti-rey a los ojos del “mundo”. Es el Cordero degollado (Ap. 5, 12) quien nos reconcilia con Dios y nos lleva, no de regreso al Paraíso Perdido, sino a la utopía de la Nueva Jerusalén, en la que no habrá rodilla que doblar más que ante Dios... ¡que nos libera, y nos manda ponernos en pie! - Desgraciadamente, ¡cuántas veces en nuestra vida eclesial reproducimos los modelos de “reinado” del mundo, y no los de Dios en Jesucristo! ¡Cuántas veces establecemos relaciones de poder autoritarias en vez de fraternas! ¡Cuántas veces entramos en contubernio con los poderes del sistema, ya sea por acción o por omisión! El modelo de “reinado” que nos presenta el “Cordero degollado” nos interpela y llama a la conversión. No es necesario ni conveniente subrayar la «realeza» de Jesús si ello conlleva tergiversar su auténtico y efectivo proyecto de vida. Hace daño, sobre todo a los más oprimidos, presentar esa imagen monárquica y principesca de un Jesús que, en verdad, dedicó toda su vida y sus energías a desenmascarar y a luchar contra ese tipo de estructuras. ______________ El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 122 de la serie «Un tal Jesús», de los hnos. López Vigil, titulado «Hasta la muerte de cruz». El guión del capítulo, y su comentario, puede ser tomado de aquí: http://www.untaljesus.net/texesp.php?id=1600122 Puede ser escuchado aquí: http://www.untaljesus.net/audios/cap122b.mp3 Para la revisión de vida A la luz de la fiesta de “Cristo Rey” y del modelo de relaciones entre personas y con la Creación, reflexiones sobre nuestras actitudes en los diversos ámbitos en que nos movemos, y preguntémonos: ¿Cómo son las relaciones de poder en nuestra pareja? ¿Se basan en la dominación/dependencia o en la promoción de la mutua libertad responsable de ambos? ¿Cómo son las relaciones de poder en la familia? ¿Nos valemos de nuestra autoridad como personas adultas para imponernos de manera autoritaria? ¿Justificamos en nombre de la “autoridad” nuestros abusos de poder, maltrato físico, verbal, psicológico? ¿Excusamos los abusos sexuales con algún argumento de poder? Las relaciones entre los miembros de la Iglesia, siguen el modelo cristiano, o bien siguen el modelo autoritario, represivo, impositivo, excluyente, propio del “príncipe de este mundo? En el seno de nuestra sociedad, ¿luchamos por nuevas relaciones de poder, según el modelo de Jesucristo, el anti-rey, que nos presentan los evangelios? ¿O nos plegamos a los modelos autoritarios? ¿O nos declaramos impotentes o indiferentes y renunciamos a la lucha? Para la reunión de grupo - En Gen. cap. 3 se nos presenta las desigualdades de género y la ruptura con la naturaleza como producto del pecado. ¿De qué manera el “reinado” de Cristo nos libera y nos marca una nueva lógica en las relaciones de poder? - ¿De qué manera se presenta el pecado del poder en Gen. 4? ¿Qué hacer para revertir esta lógica diabólica? - En los caps. 6 a 8 del Génesis se nos habla del diluvio que se produce como “castigo” de Dios. ¿Será realmente “castigo” de Dios, o producto de las relaciones de opresión que las personas establecemos sobre la naturaleza? - En la carta a los Colosenses, ¿cómo interpretar los versículos 19 y 20 a la luz del nuevo “reinado” de Cristo? - ¿Por qué era preciso que Jesús viviera la “derrota” de la cruz para que se iniciara el Reino de Dios en este mundo? - Los Evangelios sinópticos (y el texto que leímos hoy en particular) nos presentan a Jesús durante la pasión lleno de humillaciones, dolores, sufrimientos, burlas. El evangelio de Juan en cambio, presenta la cruz como la glorificación del Hijo y del Padre. (Jn 12,23. 28; 17, 1) ¿Cómo explicar esta diferencia de enfoques? Venga a nosotros tu Reino Padre nuestro que estás y reinas en el cielo, que estás también y quieres reinar en la tierra; ayúdanos a ser y vivir como hermanos. Que tu nombre sea bendito, santificado, respetado; que todos te conozcan, y que nosotros te demos a conocer en nuestra vida. Que venga tu Reino: que venga la justicia, la solidaridad, la paz; que nadie muera de hambre, ni de sed, ni de odio; que nadie sea explotado, oprimido, que nadie sea excluido, marginado, discriminado. Que venga tu Reino, tu Espíritu, y se adueñe de nuestros corazones y empiece en ellos a reinar con fuerza, para que nos empeñemos ya en hacer tu voluntad en la tierra, como se hace en el cielo; para que anticipemos ya en el suelo el reino de solidaridad que hay en el cielo. José Enrique Galarreta EN LOS CARMELITAS: http://ocarm.org/es/?q=content/lectio/lectio-cristo-rey |
¿TIENES DESEOS DE ORAR? Aquí encontrarás la Palabra del Domingo y/o de algún otro día y una pequeña pista para orar en lo secreto de tu corazón o comunitariamente. Y algún texto de M. Celeste que iluminen la oración desde la experiencia de una mujer que se dejó seducir por el AMOR y toda su vida fue VIVA MEMORIA de este Amor.
viernes, 19 de noviembre de 2010
DIOS TU CENTRO Y TU AMOR
jueves, 11 de noviembre de 2010
LO QUE CUENTA ES EL AMOR AQUÍ Y AHORA.
* Como siempre te invito a preparar la oración leyendo los textos (la Palabra de Dios) del Domingo próximo (aquí abajo).
* En segundo lugar elegir uno de los comentarios y quedarte lo que el Espíritu del Señor te inspire.
* Haz silencio, acallando los ruidos exteriores y adentrándote cada vez más en la Presencia del Señor.
* Si te cuesta, vuelve a releer la Palabra.
* Vuelve al silencio del corazón y escucha lo que tu corazón te dicte.
* Déjate amar por Jesús:
* TE LLAMA A VIVIR EL PRESENTE CON MUCHO AMOR.
* ¡NO TENGAS MIEDO!
* DIOS ES AMOR.
* DIOS ES NUESTRO PRESENTE.
* SOMOS CAMINANTES, PEREGRINOS...
* AQUÍ Y AHORA LO QUE CUENTA ES EL AMOR.
* SI DIOS ESTÁ CON NOSOTROS.
¿QUIÉN CONTRA NOSOTROS?
"NO TEMAS, PEQUEÑO REBAÑO, A NUESTRO PADRE LE HA PARECIDO BIEN DAROS EL REINO".
YA EMPEZAMOS AQUÍ EL CIELO CUANDO CAMINAMOS EN LA CONFIANZA Y EN LA EXPERIENCIA DE QUE DIOS NOS AMA.
¡BUENA SEMANA!
MLRED-EN
LECTURAS:
Domingo XXXIII TIEMPO ORDINARIO C
MALAQUÍAS 3,19 20a |
Mirad que llega el día, ardiente como un horno: malvados y perversos serán la paja, y los quemaré el día que ha de venir dice el Señor de los ejércitos , y no quedará de ellos ni rama ni raíz. Pero a los que honran mi nombre los iluminará un sol de justicia que lleva la salud en las alas.
II TESALONICENSES 3,7 12 |
Hermanos: Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar. Cuando vivimos con vosotros os lo mandarnos: El que no trabaja, que no coma. Porque nos hemos enterado de que algunos viven sin trabajar, muy ocupados en no hacer nada. Pues a esos les mandamos y recomendamos, por el Señor Jesucristo, que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan.
LUCAS 21,5 19 |
En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?» Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida». Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».
COMENTARIOS |
TESTIMONIO DE UN MONJE CARTUJO: |
JESÚS NO ENGAÑA |
Un texto duro el de hoy. Palabras proféticas de destrucción, desastres y fin. Pero el sentido del texto es animar a sus discípulos, apoyarlos, defenderlos, abrirles a la esperanza de su ayuda y presencia; dejarles claro que con él y por él ganarán su vida.
Jesús no engaña: se avecinan tiempos difíciles y en esos momentos “muchos vendrán usurpando mi nombre”, y habrá grandes desastres, y seréis perseguidos “en mi nombre”, pero no os preocupéis: “yo os daré palabras y sabiduría”… “y ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas”.
No sólo nos parece duro, sino que lo es: la historia ha dado buena cuenta de ello. Pero nos quedan muy lejos las persecuciones, los martirios; o están perdidas en el tiempo o en la distancia (todavía sabemos de lugares donde los cristianos son perseguidos, encarcelados y asesinados), pero a nosotros, aquí, se nos desdibujan en la comodidad de nuestras vidas y en la suavidad de nuestro cristianismo.
Dicen que la sociedad está en crisis, que las parroquias están vacías, y la Iglesia tira balones fuera sobre la falta de parroquianos: ¿no será que también ella está en crisis?, ¿no serán estos nuestros tiempos proféticos?
Quizá está cayendo el Templo y muchos discípulos son perseguidos dentro del seno de la estructura jerárquica. No hay cárcel ni martirio, pero sí destierro, olvido e incluso acoso por parte de aquellos que “usurpan su nombre”. Cristianos que así “tienen ocasión de dar testimonio”, cargados de sabiduría que infunde el Espíritu de Jesús. Gente viva de alma despierta y libre: Obispos, teólogos, sacerdotes, religiosos/as, laicos… hombres y mujeres comprometidos con Jesús que, dentro del seno de la Iglesia, siguen luchando porque el Templo siga siendo, y sea siempre, El Espíritu.
¿Y nosotros, cristianos de a pie? Ya sabéis: “Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra,… porque has revelado estas cosas a los sencillos” (Lc 10, 21)
¿Qué hacemos “los sencillos” en estos tiempos proféticos que nos ha tocado vivir?
Mientras decidimos cómo y qué debemos hacer, recemos para que su Espíritu nos acompañe, aliente, ayude,… a ponernos en marcha, a caminar en su nombre, a no desfallecer ante las dificultades, a ser sus testigos en cada una de las facetas de nuestra vida, sin miedo al Templo, con decisión y coraje.
¡Hay tanto por hacer! en nuestras familias, en nuestro trabajo, con nuestros amigos, en la parroquia, con nuestros niños, con nuestros jóvenes, con los adultos que están perdidos o desorientados, con nuestros mayores, con los pobres de Yahvé, en nuestras comunidades,…
¿Todavía no sabemos qué hacer?
Abramos el corazón, ¡no tengamos miedo!, dejemos que su presencia nos llene y su espíritu nos impulse… Todo lo demás “se os dará por añadidura”.
CONCHA MORATA
concha@dabar.net
Sin miedo al futuro |
El tema del fin del mundo ha estado siempre de alguna manera presente en la mente de la humanidad. Bastan con poner en cualquier buscador de internet “fin del mundo” y saldrán miles de referencias. Google, el más usado, encuentra 14.900.000 resultados. Casi todos hablan de que se acerca un tiempo de guerras de todo tipo y/o desastres naturales, incluidos algunos a nivel cósmico. Todos esos fenómenos provocarán la destrucción de este mundo.
Todas esas predicciones se refieren básicamente a la destrucción del mundo occidental. En realidad para destruir este mundo nuestro no es necesario tampoco un especial cataclismo. Las infraestructuras de nuestras ciudades son ahora mismo tan frágiles –por la sencilla razón de que son enormemente complejas– que un fallo simple puede afectarlas de tal modo que provoque la destrucción del conjunto.
Imaginemos por un momento un fallo en la cadena energética. Por unas semanas, por las razones que sean, se interrumpe la llegada del combustible que alimenta nuestros vehículos, las centrales de producción eléctrica, los sistemas de seguridad, etc. Las ciudades se quedarían sin electricidad –a oscuras–, los supermercados se vaciarían –sin alimentos–, los transportes públicos y privados se paralizarían –no se podría ir a trabajar–. ¿Haría falta mucho tiempo para que las personas se organizasen casi tribalmente en bandas territoriales a la búsqueda de recursos vitales para la supervivencia? Eso sería un verdadero fin de “nuestro” mundo, aunque no sería necesariamente el fin del mundo ni del universo.
El fin de “mi” mundo
Es decir, lo que nos aterra de verdad es el fin de “nuestro” mundo. Y si me apuran el fin de “mi” mundo, de mi red de relaciones, mi familia, mis amistades, mi trabajo... Todo lo que me hace sentirme seguro y protegido. No me hace falta que llegue el fin del mundo a escala cósmica. Eso puede estar bien para una película. La realidad es que me basta imaginar el fin de “mi” mundo para sentirme desvalido y aterrorizado. Esa idea ha estado siempre de alguna manera presente en nuestra mente, como una amenaza inconsciente pero real, que tiene mucho que ver con el saber que nos vamos a morir y que, en ese momento, desaparecido nuestro mundo, nos vamos a enfrentar a lo desconocido.
Las lecturas de este día no nos amenazan con el fin del mundo. Son más bien una llamada fuerte a vivir el presente. La perseverancia de que habla Jesús al final del texto evangélico de hoy no es una virtud del futuro sino del presente. Hoy tenemos que vivir el Evangelio y construir el Reino. Hoy tenemos que tender la mano al hermano para construir la casa común. Hoy debemos ser perseverantes en el amor. Hoy hemos de cuidar con esmero este mundo que es nuestra casa y administrar sus recursos de forma que lleguen para todos, hoy y en el futuro.
El problema es que algunos se quedan tan embobados ante el anuncio, casi siempre imaginario, de lo que puede suceder en el futuro, que se olvidan de vivir el presente. Pasa a todos los niveles, incluso en las relaciones personales. ¿No han conocido a esas personas que temerosas de lo que pueda suceder mañana –una despedida, una enfermedad– no son ya capaces de disfrutar de la alegría del momento presente?
El regalo del presente
San Pablo lo expresa en la segunda lectura con claridad. Algunos de los cristianos de Tesalónica estaban tan pendientes del fin del mundo, de la llegada definitiva de Cristo, que se suponía inminente, que nada de lo del presente les importaba. Así que habían dejado de trabajar. ¿Para qué trabajar si mañana o pasado mañana...? ¿Para qué comenzar a construir una casa si quizá no haya tiempo para terminarla? Pablo les dice que trabajen con tranquilidad para ganarse el pan.
La vida no para. Es siempre regalo de Dios. Y no se debe despreciar el don del presente en nombre del futuro. Hoy toca vivir lo que hay y mañana ya afrontaremos lo que venga. Hoy toca comprometernos en la construcción del Reino. Hoy toca acoger a los hermanos y hermanas y hacer que nadie se sienta excluido. ¿Cómo podemos decir que ansiamos participar del Reino si hoy no abrimos las manos y los brazos a nuestros hermanos, si no les servimos a la mesa común?
Vendrán espantos o vendrá paz. Vendrán cataclismos o vendrá bonanza. Vendrán persecuciones o bienestar. Lo que sea lo vamos a vivir en el nombre de Jesús, como discípulos suyos, disfrutando del don de la vida que se nos regala en cada momento, testigos de la buena nueva con nuestras palabras y con nuestras obras. Sin miedo al futuro porque allí nos espera Dios, el que nos ha prometido en Jesús la Vida en plenitud
Fernando Torres Pérez cmf
BAJO EL AMOR INSONDABLE DE DIOS |
No son hoy pocos los que afirman con total seriedad que estamos ya en «los últimos tiempos». Según su convicción, el fin es inminente; hay que prepararse ya para el gran Final. La proximidad del año dos mil parece haber reactivado una vez más la obsesión por el fin del mundo.
Basta acercarse a la literatura esotérica que se ofrece en las librerías o estar atento a ciertos programas de TV. La confusión es total. Se mezclan visiones milenaristas de la Edad Media con las especulaciones del astrólogo francés Nostradamus. Mientras unos recurren al «mensaje secreto4 de Fátima, otros escrutan la «Profecía de los Papas» del abad irlandés san Malaquías.
Por otra parte, expertos en sectas y movimientos religiosos contemporáneos como J. Vernette nos informan de la creciente audiencia que encuentra en Europa el mensaje apocalíptico predicado por Testigos de Jehovah, Adventistas o Iglesias bautistas.
A pesar de la anarquía de tanta especulación, se observan algunos rasgos comunes en todo este fenómeno. Todos coinciden en una visión catastrofista de la sociedad actual; el mundo está dominado por el Mal; las guerras y hambres, la degradación del planeta y la amenaza nuclear son signos de que el fin se acerca. Todos piensan, además, en una intervención directa de Dios que destruirá este mundo para dar comienzo a «algo nuevo». Casi siempre, lo que más interés suscita es calcular el momento preciso en que esto sucederá.
El fenómeno no deja de prestarse a análisis de interés. Para algunos, es un síntoma más de la frustración del hombre actual y de su nostalgia de un mundo mejor. Otros destacan la necesidad sentida por no pocos, de buscar seguridad en la religión. Sin embargo, es obligado decir que, desde una perspectiva cristiana, este mensaje apocalíptico significa un olvido de lo esencial.
Es cierto que también Jesús vivió en su tiempo un clima de espectativa escatológica y que, en su enseñanza, ocupa un lugar importante la llegada del Reino de Dios. Pero, si se quiere ser fiel a su pensamiento, hay que recordar algunas ideas básicas.
La historia del mundo y de los hombres discurre siempre, según Jesús, bajo el amor insondable de Dios. El mundo no está bajo el poder de Satán. Dios está actuando ahora mismo en todos y cada uno de los hombres y mujeres. Podemos confiar en El para transformar y mejorar esta vida.
Para cada individuo, el fin del mundo coincide con el fin de su vida. Será, sobre todo, en nuestra muerte donde experimentaremos cada uno nuestra finitud y la acción salvadora de Dios. Pero, también el mundo llegará un día a su fin. Nadie sabe cómo ni cuando. No es esto lo que, según Jesús, nos ha de preocupar. Lo importante es mantener la confianza en Dios. Esta es su advertencia: "Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras vidas."
La situación de persecución, injusticia y opresión en que vivían los primeros cristianos les hará anhelar con toda el alma el fin del mundo y la consiguiente venida del Mesías. Tales eran las expectativas a este respecto en las primitivas comunidades cristianas, que Pablo tuvo que ponerse serio con algunos miembros de ellas. Así escribía a los Tesalonicenses: «A propósito de la venida de nuestro Señor, Jesús el Mesías, y de nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no perdáis fácilmente la cabeza ni os alarméis con supuestas revelaciones, dichos o cartas nuestras, como si afirmásemos que el día del Señor está encima» (2 Tes 2,1-2). Hasta tal punto esta ban convencidos muchos cristianos de la inminente llegada del fin del mundo, que incluso habían dejado de trabajar para esperarla. Pablo, por su parte, los invita a «retraerse de todo hermano que lleve una vida ociosa», y afirma tajantemente:
«El que no quiera trabajar, que no coma» (2 Tes 3,6ss). Esto sucedía el año 51 de nuestra era.
El fin del mundo no llegó, y los cristianos se vieron obligados por las circunstancias a aplazar su llegada. En el evangelio de Lucas -escrito después del año 70 de nuestra era, fecha de la destrucción del templo de Jerusalén por las legiones de Tito- aparece clara la actitud que deben adoptar los cristianos ante este tema: «Como algunos comentaban la belleza del templo por la calidad de la piedra y los exvotos, Jesús dijo: -Eso que contempláis llegará un día en que lo derribarán hasta que no quede piedra sobre piedra. Los discípulos le preguntaron: Maestro, y ¿cuándo va a ocurrir esto?> y ¿cuál es la señal de que está para suceder?» Según la mentalidad judía, el mundo se acabaría el día en que el templo de Jerusalén fuese destruido; preguntar por la destrucción del templo equivalía a indagar sobre el fin del mundo.
Jesús no respondió directamente a la pregunta de los discípulos. Dijo: «Cuidado con no dejarse extraviar; porque van a venir muchos usando mi titulo, diciendo "ése soy yo", y que el momento está cerca; no los sigáis. Cuando oigáis estruendo de batallas y revoluciones, no tengáis pánico, porque esto tiene que suceder primero, pero el final no será inmediato... Se alzará nación contra nación y reino contra reino, y habrá grandes terremotos, en diversos lugares, hambre y epidemias; sucederán cosas espantosas y se verán portentos grandes en el cielo.» Ni las guerras, ni las revoluciones, ni las catástrofes naturales, ni los falsos mesianismos de cualquier clase anun cian el fin del mundo, cuya fecha de caducidad desconocemos.
Más aún, antes de este final, el cristiano habrá de padecer mucho: «Os perseguirán, os echarán mano, llevándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os conducirán ante reyes y gobernadores por causa mía, pero no perderéis ni un pelo de la cabeza; con vuestro aguante conseguiréis la vida» (Lc 21,1-19).
En lugar de satisfacer la curiosidad de los discípulos sobre la fecha de la destrucción del templo y consiguiente fin del mundo, Jesús los invita a no desanimarse ante todo lo que tendrán que sufrir antes de que llegue el fin. Ni siquiera la destrucción del templo de Jerusalén será anuncio de la venida inmediata del Mesías (Lc 21,20-24). La tarea del discípulo en este mundo es dar testimonio de Jesús, en medio de persecuciones de todo tipo, apuntando con su estilo de vida a otro mundo y otro orden de cosas que acabe con este desorden de odios, guerras y luchas fratricidas. Las restantes indagaciones sobre el fin del mundo son embrollos que a nada conducen. Pura pérdida de tiempo.
José Antonio Pagola
www.redentoristas.org
http://www.benedictinescat.com/Montserrat/eucarcast.html
http://www.dominicos.org/predicacion/homilias/21-11-2010/presentacion
http://www.dominicos.org/predicacion/homilias/21-11-2010/presentacion
PARA LA ORACION |
Es difícil, Señor, mantenerse despierto y no dejarse seducir por los muchos señuelos que, en la vida, atraen nuestra atención con las artes de la publicidad y las ilusiones de las promesas demagógicas. Centra nuestra vista en lo importante, haznos generosos y desprendidos en los templetes que nos construimos. Contágianos de tu confianza y haznos siempre portadores de la verdadera y profunda esperanza que ayuda a luchar y vivir.
Tu insistencia en el pan y el vino es tu pedagogía en nuestra confusión y despiste. El pan y el vino que constituyen la representación esencial de una vida dura de búsqueda de lo necesario, son el regalo de tu propia presencia en las luchas del vivir cotidiano y hacen presentes también a todos los que trabajan, necesitan y esperan.
Es un regalo grandioso contar contigo en los pasos de la vida y en los momentos de las decisiones. Eres un gran regalo como compañero infatigable, mensajero de esperanza y guía en los muchos cruces que confunden nuestra orientación. Eres un gran regalo con tu Palabra de aliento, de ánimo, de comprensión y de perdón. Eres un gran regalo como animador de esfuerzos, removedor de compromisos y recordatorio de los débiles que nos necesitan. Eres un gran Dios, afectuoso y cercano, pedagogo y exigente, educador y amigo. Eres, de verdad, un buen Dios. Por eso, con toda la alegría del mundo, porque podemos contar contigo, estamos muy agradecidos y te lo expresamos.
Nuestra dicha es saber que nos acompañas. Nuestra alegría escuchar tus palabras de ánimo. Nuestra confianza porque no nos abandonas aunque, a veces, parezca que no te sentimos. Haz que nuestro mundo pueda sentir la dicha de tu fe, tu amor y tu esperanza. Entonces será un mundo mejor, más humano.
MARIA CELESTE NOS DICE:
PADRE, MUÉSTRAME A TU HIJO, sabiduría eterna en quien te complaces en el gozo eterno para que te de tu posesión para que yo te ame con su amor eterno, y para que Él te muestre a mi y yo te conozca en la verdad, para amarte como tú quieres ser amado y como me mandas que te ame.
Dame a Aquél a quien amo,
aquel en quien espero,
aquel en quien vivo.
Dame mi paga,
dame la posesión
de aquel bien que es todo mi bien;
dame mi salvación,
dame mi paz,
mi seguridad verdadera y eterna.
M. CELESTE CROSTAROSA
D. 9 41
D. 9 41
EL VERDADERO LIDERAZGO
![]() |
| La consecuencia del auténtico servicio. |
Comentario a la Palabra DE HOY: Lucas 17,20-25:
Mario Vargas Llosa, recién premio Nóbel de Literatura, escribió una novela con el título La guerra del fin del mundo, donde recogía una historia real de un movimiento apocalíptico-social que tuvo lugar en el nordeste de Brasil a finales del siglo XIX. Antonio, el Consejero, fue el líder de ese movimiento, seguido por muchos de los campesinos de la región y finalmente aplastado violentamente por el ejército brasileño. Para muchos Antonio fue en aquel momento la encarnación del mesías salvador. El líder que iba a liberar a todos de la opresión, de la pobreza, de la secular miseria que inunda aquellas regiones. El movimiento terminó en desastre.
Parece una constante en la historia de la humanidad: confiar ciegamente en un líder y pensar y esperar que él nos va a llevar a la salvación. Las personas entran una suerte de pasividad absoluta porque todo se espera del líder. Los fallos, que puede haberlos, no son culpa del líder, que es perfecto, sino como mucho de los que le rodean. Hasta se tiene la sensación de que el líder es el que hace posible todo lo bueno que hay en nuestras vidas. En la época de Franco muchos españoles hablaban de “lo que Franco ha hecho por nosotros” y se olvidaban de lo mucho que ellos habían trabajado, de lo mal que lo habían pasado. En definitiva, que si había algo bueno en aquella sociedad era fruto del trabajo y del esfuerzo de todos.
Algo así es lo que dice Jesús cuando habla del Reino y nos dice que está dentro de nosotros. El Reino no va a venir a través de un líder al que debamos seguir ciegamente. Esos líderes no terminan liberando sino oprimiendo. El Reino lo tenemos dentro de nosotros y lo hacemos real cuando nos encontramos con los hermanos y juntos nos esforzamos por hacer un mundo mejor, cuando dialogamos y discutimos y llegamos a acuerdos que nos permiten avanzar hacia una mayor justicia y solidaridad. El camino no es fácil. Tampoco lo fue para Jesús. Pero no hay otra forma de construir el Reino, de hacer la voluntad de Dios.
sábado, 6 de noviembre de 2010
He pasado toda la semana con gripe. HOY ¡por fin! me asomo un poquillo al blog.
Domingo 32º del Tiempo Ordinario - Ciclo C
| Oración Colecta |
Oremos al Dios de la vida.
(Pausa)
Oh Dios, fuente de vida:
Tú nos has creado para la vida, el amor y la alegría.
Ya que tomamos parte también en la cruz de Jesús,
en las penas y dolores de la vida,
mantén viva nuestra esperanza
de que tu amor fiel tendrá la palabra final
y de que la vida vencerá a la muerte
porque tú has resucitado a Cristo de entre los muertos.
Danos un anhelo firme y una fe inquebrantable
en que tú nos resucitarás con él;
y haz que esta convicción sea nuestra fuerza
cada día de nuestra vida.
Te lo pedimos por medio de Cristo nuestro Señor.
Tú nos has creado para la vida, el amor y la alegría.
Ya que tomamos parte también en la cruz de Jesús,
en las penas y dolores de la vida,
mantén viva nuestra esperanza
de que tu amor fiel tendrá la palabra final
y de que la vida vencerá a la muerte
porque tú has resucitado a Cristo de entre los muertos.
Danos un anhelo firme y una fe inquebrantable
en que tú nos resucitarás con él;
y haz que esta convicción sea nuestra fuerza
cada día de nuestra vida.
Te lo pedimos por medio de Cristo nuestro Señor.
| Primera lectura |
Lectura del segundo libro de los Macabeos (7,1-2.9-14):
En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley.
Uno de ellos habló en nombre de los demás: «¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.»
El segundo, estando para morir, dijo: «Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna.»
Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida, y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente: «De Dios las recibí, y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios.»
El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos. Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba para morir, dijo: «Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida.»
En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley.
Uno de ellos habló en nombre de los demás: «¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres.»
El segundo, estando para morir, dijo: «Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna.»
Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida, y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente: «De Dios las recibí, y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios.»
El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos. Cuando murió éste, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba para morir, dijo: «Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida.»
| Salmo |
Sal 16,1.5-6.8.15
R/. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor
Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R/.
Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras. R/.
Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.
R/. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor
Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R/.
Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,
y no vacilaron mis pasos.
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras. R/.
Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.
| Segunda lectura |
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (2,16–3,5):
Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas. Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados, porque la fe no es de todos. El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Maligno. Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado. Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y tengáis constancia de Cristo.
Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas. Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados, porque la fe no es de todos. El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Maligno. Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado. Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y tengáis constancia de Cristo.
| Evangelio |
Lectura del santo evangelio según san Lucas (20,27-38):
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»
Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob." No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»
Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob." No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos.»
| A DIOS NO SE LE MUEREN SUS HIJOS |
Jesús ha sido siempre muy sobrio al hablar de la vida nueva después de la resurrección. Sin embargo, cuando un grupo de aristócratas saduceos trata de ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos, Jesús reacciona elevando la cuestión a su verdadero nivel y haciendo dos afirmaciones básicas.
Antes que nada, Jesús rechaza la idea pueril de los saduceos que imaginan la vida de los resucitados como prolongación de esta vida que ahora conocemos. Es un error representarnos la vida resucitada por Dios a partir de nuestras experiencias actuales.
Hay una diferencia radical entre nuestra vida terrestre y esa vida plena, sustentada directamente por el amor de Dios después de la muerte. Esa Vida es absolutamente "nueva". Por eso, la podemos esperar pero nunca describir o explicar.
Las primeras generaciones cristianas mantuvieron esa actitud humilde y honesta ante el misterio de la "vida eterna". Pablo les dice a los creyentes de Corinto que se trata de algo que "el ojo nunca vio ni el oído oyó ni hombre alguno ha imaginado, algo que Dios ha preparado a los que lo aman".
Estas palabras nos sirven de advertencia sana y de orientación gozosa. Por una parte, el cielo es una "novedad" que está más allá de cualquier experiencia terrestre, pero, por otra, es una vida "preparada" por Dios para el cumplimiento pleno de nuestras aspiraciones más hondas. Lo propio de la fe no es satisfacer ingenuamente la curiosidad, sino alimentar el deseo, la expectación y la esperanza confiada en Dios.
Esto es, precisamente, lo que busca Jesús apelando con toda sencillez a un hecho aceptado por los saduceos: a Dios se le llama en la tradición bíblica «Dios de Abrahán, Isaac y Jacob». A pesar de que estos patriarcas han muerto, Dios sigue siendo su Dios, su protector, su amigo. La muerte no ha podido destruir el amor y la fidelidad de Dios hacia ellos.
Jesús saca su propia conclusión haciendo una afirmación decisiva para nuestra fe: «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos». Dios es fuente inagotable de vida. La muerte no le va dejando a Dios sin sus hijos e hijas queridos. Cuando nosotros los lloramos porque los hemos perdido en esta tierra, Dios los contempla llenos de vida porque los ha acogido en su amor de Padre.
Según Jesús, la unión de Dios con sus hijos no puede ser destruida por la muerte. Su amor es más fuerte que nuestra extinción biológica. Por eso, con fe humilde nos atrevemos a invocarlo: "Dios mío, en Ti confío. No quede yo defraudado" (salmo 25,1-2).
José Antonio Pagola
Para Dios todo está siempre en un eterno presente.
Esa existencia eterna en Dios, se manifiesta en el tiempo,
y da origen a todas las criaturas que forman el universo.
Como ser humano puedo vivir mi relación con el Absoluto.
La experiencia de lo Absoluto, es mi verdadera Vida.
No confundir con mi vida biológica que sólo es un accidente.
Cuando tomo lo accidental por substancial,
estoy equivocándome de cabo a rabo.
Si descubro el engaño, procuraré vivir a tope,
es decir, al límite de mis posibilidades más humanas.
Mi presente se funde con mi pasado y mi futuro.
Desde mi contingencia, puedo experimentar un ahora eterno.
F.Marcos
| HOY M. CELESTE NOS DICE: |
Así como todas las criaturas, animadas o inanimadas, de la tierra cumplen su fin para el que recibieron el ser, en todas sus cosas, sin fallar, según el principio y mandamiento que recibieron, tanto de glorificarme como de servir al hombre, de la misma manera conviene que el hombre racional, creado igualmente por mi libre albedrío y dotado de capacidad para razonar, cumpla también él su fin en el curso de la peregrinación en la que fue puesto por su legislador y creador.
M. Celeste D. 8 12
Suscribirse a:
Entradas (Atom)














