HOY TE PROPONGO, COMO SIEMPRE, QUE PREPARES TU ORACIÓN LEYENDO ALGÚN COMENTARIO DEL EVANGELIO O LOS TEXTOS DEL DOMINGO.
AQUÍ TE DEJO ESTE DE JOSÉ ANTONIO PAGOLA QUE INCIDE BASTANTE EN LA PERSONA. Y TE PROPONGO QUE RELEAS EL EVANGELIO EN LA CLAVE DEL PADRE. PONTE EN SU LUGAR. ¿LO HAS HECHO ALGUNA VEZ? QUIZÁS ESTÉS LLAMADA/O A CONVERTIR TU CORAZÓN AL AMOR INCONDICIONAL.
DEJA QUE DIOS ACTÚE EN TI POR LA FUERZA DEL ESPÍRITU.
NO TENGAS MIEDO AL SILENCIO.
ENFRENTATE A ÉL CON PAZ, CON ALEGRÍA; ALLÍ EN LO MÁS PROFUNDO, EN TU CENTRO, DIOS QUIERE VENIR A HABITAR ... EL CÓMO SERÁ UNA SORPRESA. SÓLO ES NECESARIO PERMANECER, DEJARTE TOCAR Y ABRAZAR POR ÉL.
SI LLORAS DE ALEGRÍA NO TENGAS MIEDO DE TUS SENTIMIENTOS. DÉJALOS ESTAR Y VE A RECONCILIARTE CONTIGO MISMO Y CON TU HERMANO.
música clásica:
http://www.youtube.com/watch?v=EXui1fXb5Mw
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LECTURAS Domingo
4º de Cuaresma C
Primera
lectura
Lectura del
libro de Josué (5,9a.10-12):
En aquellos
días, el Señor dijo a Josué: «Hoy os he despojado del oprobio de Egipto.»

Salmo
Sal
33,2-3.4-5.6-7
R/. Gustad y ved
qué bueno es el Señor
Bendigo al Señor
en todo momento,
su alabanza está
siempre en mi boca;
mi alma se
gloría en el Señor:
que los humildes
lo escuchen y se alegren. R/.
Proclamad
conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos
juntos su nombre.
Yo consulté al
Señor, y me respondió,
me libró de
todas mis ansias. R/.
Contempladlo, y
quedaréis radiantes,
vuestro rostro
no se avergonzará.
Si el afligido
invoca al Señor,
él lo escucha y
lo salva de sus angustias. R/.
http://www.youtube.com/watch?v=Joginn7G0ew
Segunda
lectura
Lectura de la
segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,17-21):
El que es de
Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo
esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos
encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en
Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a
nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros
actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por
nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al
que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que
nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.
Evangelio
Lectura del
santo evangelio según san Lucas (15, 1-3.11-32):
En aquel tiempo,
solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los
fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y
come con ellos.»
Jesús les dijo
esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
"Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les
repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo
suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo
perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre
terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un
habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban
ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie
le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de
mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me
pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo
y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus
jornaleros." Se puso en camino adónde estaba su padre; cuando todavía
estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al
cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el
cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a
sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un
anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo;
celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido;
estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. Su hijo
mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música
y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le
contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado,
porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar;
pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre:
"Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya,
a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y
cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres,
le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú siempre
estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano
tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."»
CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS
Para no pocos, Dios es cualquier cosa menos alguien
capaz de poner alegría en su vida. Pensar en él les trae malos recuerdos: en su
interior se despierta la idea de un ser amenazador y exigente, que hace la vida
más fastidiosa, incómoda y peligrosa.
Poco a poco han prescindido de él. La fe ha quedado
"reprimida" en su interior. Hoy no saben si creen o no creen. Se han
quedado sin caminos hacia Dios. Algunos recuerdan todavía "la parábola del
hijo pródigo", pero nunca la han escuchado en su corazón.
El verdadero protagonista de esa parábola es el padre.
Por dos veces repite el mismo grito de alegría: "Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba
perdido y lo hemos encontrado". Este grito revela lo que hay en su
corazón de padre.
A este padre no le preocupa su honor, sus intereses,
ni el trato que le dan sus hijos. No emplea nunca un lenguaje moral. Solo
piensa en la vida de su hijo: que no quede destruido, que no siga muerto, que
no viva perdido sin conocer la alegría de la vida.
El relato describe con todo detalle el encuentro
sorprendente del padre con el hijo que abandonó el hogar. Estando todavía
lejos, el padre "lo vio" venir hambriento y humillado, y "se
conmovió" hasta las entrañas. Esta mirada buena, llena de bondad y
compasión es la que nos salva. Solo Dios nos mira así.
Enseguida "echa
a correr". No es el hijo quien vuelve a casa. Es el padre el que
sale corriendo y busca el abrazo con más ardor que su mismo hijo. "Se le echó al cuello y se puso a
besarlo". Así está siempre Dios. Corriendo con los brazos abiertos
hacia quienes vuelven a él.
El hijo comienza su confesión: la ha preparado
largamente en su interior. El padre le interrumpe para ahorrarle más
humillaciones. No le impone castigo alguno, no le exige ningún rito de
expiación; no le pone condición alguna para acogerlo en casa. Sólo Dios acoge y
protege así a los pecadores.
El padre solo piensa en la dignidad de su hijo. Hay
que actuar de prisa. Manda traer el mejor vestido, el anillo de hijo y las
sandalias para entrar en casa. Así será recibido en un banquete que se celebra
en su honor. El hijo ha de conocer junto a su padre la vida digna y dichosa que
no ha podido disfrutar lejos de él.
Quien oiga esta parábola desde fuera, no entenderá
nada. Seguirá caminando por la vida sin Dios. Quien la escuche en su corazón,
tal vez llorará de alegría y agradecimiento. Sentirá por vez primera que en el
misterio último de la vida hay Alguien que nos acoge y nos perdona porque solo
quiere nuestra alegría. José Antonio Pagola en eclesalia.
TAMBIÉN TE PROPONGO LEER, SIN PRISAS Y
DURANTE EL TIEMPO QUE QUEDA DE CUARESMA
EL LIBRO: "EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO" DE
HENRI NOUWEN.
Mª Celeste Crostarosa nos dice HOY:
Poseerás mi GOZO
por PARTICIPACIÓN DE AMOR.
Diálogos 5,6
Oh Dios, Padre de corazón grande:
Cuando nos descarriamos,
cuando buscamos la falsa felicidad
en la tierra oscura del pecado,
tú envías a tu Hijo a buscarnos
y a llevarnos de vuelta a tu casa.
Que sintamos profundamente
tu vehemente anhelo
de acogernos con alegría
y restaurarnos en tu vida y en tu amor.
Danos el valor humilde de volver a ti,
nuestro Dios y Padre
por Jesucristo nuestro Señor.
(DE LA LITURGIA)