Domingo 4º de Cuaresma - Ciclo B
Domingo 18 de Marzo del 2012
En el tiempo nuevo, en el nuevo templo que es Jesús hay que mirar al que es siempre nuevo. Jesús es levantado en alto. Levantado en la cruz, Jesús es el contraveneno para el pecado; levantado en la cruz, Jesús es la puerta de la vida; levantado en la cruz, Jesús es la prueba de que Dios nos ama; levantado en la cruz, Jesús es el que nos mira y nos presta sus ojos para vernos a nosotros mismos redimidos y amados.
Habiendo llegado el alma a la subida del monte de la perfección y habiendo hecho en su interior un hondón profundo en el que se planta la cruz de su Amado, vive allí en la soledad interior y se deleita en el centro de la verdadera humildad. Allí, Verbo divino amante, le comunicas la Palabra de tu eterna verdad de la pura fe, en palabra de verdadera sabiduría, sin formas ni figuras, ni bajo especies sensibles. Ella la recibe, no en palabras, sino en luz de verdad. Entonces, Dios Padre te espira, Palabra suya, en el mundo interior del alma amante, y en pureza de fe es iluminada, instruída y amaestrada de altas doctrinas no masticadas por su entendimiento, sino en Palabra de Verdad, (cfr. Col. 1,5) y sencillez de corazón (cfr. Sb 1,1). Esta eterna verdad no es dada al alma para que sea juzgada sino para establecer su corazón en la posesión de una verdadera paz interior; paz con Dios, paz en Dios, paz de Dios, paz consigo misma y paz con su prójimo. De modo que de verdad esta venida al mundo interior del alma no es para juzgarla, sino para que el mundo sea salvado por Él. J I 143
Hoy te voy a dejar "el papel en blanco" para que tú mismo escribas la oración en un folio o en un cuaderno donde tienes tus cosas íntimas, después de haber comprendido algo que el Señor te dice a ti.
Oración Colecta
Oremos a nuestro Padre
que con Cristo nos llevó a la vida.
Oh Padre, lleno de gracia y de amor:
Tú todavía amas tanto al mundo
que sigues entregándole a Jesús, tu Hijo.
Que su cruz sea para nosotros la señal
de que estás con nosotros
en días de miseria y aflicción.
Que podamos mirarle como modelo y aprender de él
a abrir nuestras manos y corazones, unos a otros
y a darnos a nosotros mismos con nuestros dones.
Y que esto ayude al mundo a percibir tu luz
y a aceptar al Hijo que nos has dado,
Jesucristo, nuestro Señor,
Oremos a nuestro Padre
que con Cristo nos llevó a la vida.
Oh Padre, lleno de gracia y de amor:
Tú todavía amas tanto al mundo
que sigues entregándole a Jesús, tu Hijo.
Que su cruz sea para nosotros la señal
de que estás con nosotros
en días de miseria y aflicción.
Que podamos mirarle como modelo y aprender de él
a abrir nuestras manos y corazones, unos a otros
y a darnos a nosotros mismos con nuestros dones.
Y que esto ayude al mundo a percibir tu luz
y a aceptar al Hijo que nos has dado,
Jesucristo, nuestro Señor,
por los siglos de los siglos.
Primera lectura
Lectura del
segundo libro de las Crónicas (36,14-16.19-23):
En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron
sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y
mancharon la casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén. El Señor,
Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus
mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se
burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de
sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que
ya no hubo remedio. Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las
murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos
sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos
a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del
reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del
profeta Jeremías: «Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos
los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.»
En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del
Señor, por boca de Jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia,
que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino: «Así habla Ciro,
rey de Persia:
"El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la
tierra. Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá.
Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él, y suba!"»
Salmo
Sal
136,1-2.3.4.5.6
R/. Que se me pegue la lengua al
paladar
si no me acuerdo de ti
Junto a los canales de Babilonia
nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;
en los sauces de sus orillas
colgábamos nuestras cítaras. R/.
Allí los que nos deportaron
nos invitaban a cantar;
nuestros opresores, a divertirlos:
«Cantadnos un cantar de Sión.» R/.
¡Cómo cantar un cántico del Señor
en tierra extranjera!
Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me paralice la mano derecha. R/.
Que se me pegue la lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no pongo a Jerusalén
en la cumbre de mis alegrías. R/.
Segunda lectura
Lectura de la
carta del apóstol san Pablo a los Efesios (2,4-10):
Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros
muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo –por pura gracia estáis
salvados–, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con
él. Así muestra a las edades futuras la inmensa riqueza de su gracia, su bondad
para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y
mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco
se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Pues somos obra suya. Nos
ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él
nos asignó para que las practicásemos.
Evangelio
Lectura del
santo evangelio según san Juan (3,14-21):
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente
en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el
que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo
único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida
eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para
que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree
ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El
juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la
tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra
perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por
sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se
vea que sus obras están hechas según Dios.»
Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea tenga por él vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios.»
Comentario a la Palabra
Una revista japonesa tiene en una de sus páginas la fotografía de una mariposa en blanco y negro. Pero al contacto del calor de la mano la tinta reacciona y la mariposa se va transformando poco a poco y aparece llena de color y en toda su belleza.
Tenemos muchas páginas en blanco y negro, grises, que esperan también ser transformadas y llenarse de color y de vida.
Hay muchos Nicodemos que buscan a Jesús pero como el Nicodemo del evangelio no entienden el mensaje de Jesús.
Jesús le dijo a Nicodemo que para entrar en el Reino de dios "hay que nacer de nuevo". Hay que aprender a ver.
No somos religiosos porque creemos unas verdades, recitamos una oraciones y celebramos unos ritos, sino porque vemos el mundo y nuestra vida con los ojos de Jesús. Y venimos aquí para aprender a ver y nacer de nuevo.
Cierto, hay muchas maneras de ver a Jesús.
El Jesús que ven los niños, los adultos, los incrédulos, los cristianos. El Jesús del cine y del arte. Incluso entre los curas hay distintas maneras de verlo y hablar de Él.
"Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto así también es necesario que el Hijo del hombre, Jesús, sea levantado en alto".
Nos cuenta el libro de los Números la prueba de las serpientes venenosas. Dios no elimina las serpientes pero les da a todos un contraveneno: mirar a la serpiente que Moisés levantó y así quedaban libres del veneno de la picadura.
"El Hijo del hombre, Jesús, tiene que ser levantado en alto para que todo el que crea tenga vida eterna".
Levantado en alto, Jesús es también glorificado, resucitado, sentado a la derecha del Padre, victorioso y triunfador.
Levantado, nosotros somos urgidos a mirar al que levantaron, es decir, creer en el que dio la vida por nosotros.
"Tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo único para que todo el que crea tenga vida eterna".
El amor verdadero no pide nada. El amor verdadero da, se da. Y Dios que es amor no te pide nada, se te da a si mismo a través de su Hijo único. Dios da porque ama.
Y el amor de Dios no se conquista como el amor de una mujer con piropos, con citas, regalos y promesas de eterna fidelidad. El amor de Dios se acepta sin más. El amor de Dios, como todos los amores, tiene su prueba de fuego y ésta es la cruz de su Hijo.
Y el que mira y cree en el Hijo, ve y cree en el Padre y tiene ya la vida eterna.
A veces escucho testimonios de personas que me confiesan: yo empecé a sentar la cabeza y a tomarme la vida en serio cuando conocí a la que hoy es mi esposa. Hay amores que nos cambian el rumbo de la vida, nos hacen más maduros y nos ayudan a ver las cosas con ojos nuevos.
Imagínese el cambio que tendría que dar un cristiano cuando descubre que es amado por Dios, que Dios muere en Jesús por él, que Dios le ofrece gratis la salvación y que la vida para siempre es puro don; entonces esa página en blanco y negro que es su vida se transforma en una página llena de color y gozo y alabanza cuando es tocada por el calor del amor de Dios.
¿Se dejará usted, hoy, tocar por el amor de Dios?
¿Aceptará usted, hoy, al Hijo único que Dios le da?
Si sí, ha entrado en la vida eterna.
Si sí, ha sido transformado por el amor.
Si sí, ¿qué personas puede usted transformar hoy con el calor de su mano y de su amor?
¿Su familia, su comunidad, su iglesia, sus amistades…?
Sólo desde el amor que Dios ha plantado en su corazón puede usted transformar el mundo y su mundo.
Tanto amó Dios al mundo que me dio, a mí, su Hijo único. Y yo quiero responder con mi fe y mis obras al amor de Dios.
Y quiero que mi trabajo no sea sólo el maldito trabajo de cada día sino un trabajo de amor a Dios y a los hermanos.
Félix Jiménez Tutor
Mª Celeste (siglo XVIII) comenta este texto extensamente. Te dejo un fragmento:
