sábado, 16 de marzo de 2013

HAZ EN TI LA VERDAD


0RANDO CON LA PALABRA DE DIOS

Domingo 5º de Cuaresma - Ciclo C







HOY te propongo, como siempre, que releas varias veces la Palabra de Dios, que cojas el Evangelio y lo leas en clave de mujer. 



Que te dejes llevar por los silencios del mismo evangelio: 
de Jesús, de la mujer.



Que te sitúes en tu verdad, que dejes que la mirada de amor de Dios te provoque conversión, cambio de actitud, cambio de mirada. 


La semana pasada experimentábamos la alegría del

 ENCUENTRO CON JESÚS. HOY de nuevo nos sale 

al encuentro.

Haz silencio, acalla tus ruidos exteriores e interiores. 

Déjate conducir por la mirada: JESÚS HOY HACE ALGO NUEVO EN TI, EN MI, EN LA 
IGLESIA... TODOS nos podemos poner en el lugar de la pecadora y también Jesús nos llama a ponernos en su lugar. Hay pecados más sutiles. Nuestra hipocresía es muy grande. SOMOS DE VERDAD UNA COMUNIDAD DE PECADORES CONTINUAMENTE SALVADOS. 


El viernes santo cantamos: "En Él está nuestra salvación, vida y resurrección. Él nos ha salvado y liberado. Nuestra gloria es la cruz del Señor".

Te sugiero que te dejes interpelar por JESÚS. QUE NO DIGAS NADA. QUE TE DEJES ENVOLVER POR SU AMOR. ÉL TE DIRÁ LO QUE TU CORAZÓN DESEA. 


"EN ADELANTE, NO PEQUES MÁS".



ORACIÓN  COLECTA


Oh Dios de vida:

Ésta es la Buena Noticia de salvación,

que nos proclamas hoy

por  medio de tu imagen viviente, 

Jesucristo:

El amor es más fuerte que la muerte;

tú quieres que el pecador viva

y que llegue a ser totalmente nuevo.

Haz que no vivamos por más tiempo

en el pasado del pecado,

sino que seamos libres para dar vida y para amar.

Danos un corazón tan compasivo para con los hermanos

como el tuyo, siempre indulgente y cariñoso para con nosotros.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.


Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (43,16-21):
Así dice el Señor, que abrió camino en el mar y senda en las aguas impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos, tropa con sus valientes; caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue. No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo. Me glorificarán las bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza.

Salmo

Sal 125,1-2ab.2cd-3.4-5.6

R/. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R/.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R/.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R/..

Al ir, iba llorando, llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R/.


Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (3,8-14):
Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos. No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para mí. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,1-11):
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?»

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.»

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.»

Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

COMENTARIO: AMIGO DE LA MUJER

Sorprende ver a Jesús rodeado de tantas mujeres: amigas entrañables como María Magdalena o las hermanas Marta y María de Betania. Seguidoras fieles como Salomé, madre de una familia de pescadores. Mujeres enfermas, prostitutas de aldea... De ningún profeta se dice algo parecido.
¿Qué encontraban en él las mujeres?, ¿por qué las atraía tanto? La respuesta que ofrecen los relatos evangélicos es clara. Jesús las mira con ojos diferentes. Las trata con una ternura desconocida, defiende su dignidad, las acoge como discípulas. Nadie las había tratado así.
La gente las veía como fuente de impureza ritual. Rompiendo tabúes y prejuicios, Jesús se acerca a ellas sin temor alguno, las acepta a su mesa y hasta se deja acariciar por una prostituta agradecida.

Los hombres las consideraban como ocasión y fuente de pecado. Desde niños se les advertía para no caer en sus artes de seducción. Jesús, sin embargo, pone el acento en la responsabilidad de los varones: «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón».

Se entiende la reacción de Jesús cuando le presentan a una mujer sorprendida en adulterio, con intención de lapidarla. Nadie habla del varón. Es lo que ocurría siempre en aquella sociedad machista. Se condena a la mujer porque ha deshonrado a la familia y se disculpa con facilidad al varón.

Jesús no soporta la hipocresía social construida por el dominio de los hombres. Con sencillez y valentía admirables, pone verdad, justicia y compasión: «el que esté sin pecado que arroje la primera piedra». Los acusadores se retiran avergonzados. Saben que ellos son los más responsables de los adulterios que se cometen en aquella sociedad.

Jesús se dirige a aquella mujer humillada con ternura y respeto: «Tampoco yo te condeno». Vete, sigue caminando en tu vida y, «en adelante, no peques más». Jesús confía en ella, le desea lo mejor y le anima a no pecar. Pero, de sus labios no saldrá condena alguna.

¿Quién nos enseñará a mirar hoy a la mujer con los ojos de Jesús?, ¿quién introducirá en la Iglesia y en la sociedad la verdad, la justicia y la defensa de la mujer al estilo de Jesús?                            
 José Antonio Pagola


... Ahí se ve claro que ellos lo que desean es condenar a JESÚS y buscar una excusa que a ellos no les traiga complicaciones, por eso han traído a la mujer, la parte más débil, la que no tiene derecho a defenderse, eso es lo más fácil para ellos, pues no intentará salvarla nadie, ni su propia familia, ya que ellos la repudiarán. ...


A Jesús le gusta encontrarse con los  pobres y marginados,  con los que "no cuentan", y esa mujer "utilizada" por los jerarcas religiosos como pretexto para condenar a Jesús, va a tener la dicha de encontrarse con la mirada misericordiosa del Maestro, del Señor. ...


«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.»


Guardad un momento de silencio y contemplad la escena: Jesús frente a la mujer, mirándola cara a cara, yo diría de igual a igual, devolviéndola con esa mirada suya la dignidad arrebatada por los que se creían "superiores", jueces y quizás verdugos. Ella, la mujer,  era la víctima en sus manos, que llevaban y traían a su antojo, para conseguir sus fines, que era ir a por Jesús. Ella, la mujer, en su cruce de miradas con Jesús, recobra su dignidad y encuentra su verdadera dimensión de hija de Dios, perdonada, abrazada, querida, levantada por el mismo Dios a través de Jesús. Ahora ya que ha conocido el verdadero amor al lado de Jesús,  no desea otra cosa que continuar en su cercanía, en esa amistad, en esa gracia, lejos del pecado.   Por eso hará suyas esas palabras de Jesús, dichas con todo el cariño: "En adelante no peques más". (De unos apuntes de Mª Cruz, Viaceli)



Dice Mª Celeste:

Tú, Verbo (JESÚS, la Palabra en acción), Sabiduría eterna,  compadecido de esta pobre mujer, te inclinaste, te abajaste, te humillaste hasta la tierra y, tomando carne humana, con el dedo de tu eterna sabiduría, sobre la tierra de tu sagrada humanidad, todos los pecados de la naturaleza humana, los pecados de todos los hombres, con caracteres de sangre, con las llagas sagradas de tu sagrado cuerpo.  Oh escritura tremenda en la que el pecador lee todos sus pecados y ve su eterna condenación.  Allí está su sentencia de muerte eterna.  
...
Entonces el alma hace justicia a su Dios, espera de él su salvación, porque Él, el HOMBRE DIOS, ESTÁ SENTADO EN EL TRONO DE SUS pobrezas y desprecios, Y ALLÍ HACE JUSTICIA AL PADRE DIOS EN LUGAR DEL ALMA AMANTE FIEL. (Del Jardín Interior 226-227.  Comentario a Jn 8 1-11)


  

viernes, 8 de marzo de 2013

HOY: ENCUENTRO SORPRENDENTE



HOY TE PROPONGO, COMO SIEMPRE, QUE PREPARES TU ORACIÓN LEYENDO ALGÚN COMENTARIO DEL EVANGELIO O LOS TEXTOS DEL DOMINGO.

AQUÍ TE DEJO ESTE DE JOSÉ ANTONIO PAGOLA QUE INCIDE BASTANTE EN LA PERSONA. Y TE PROPONGO QUE RELEAS EL EVANGELIO EN LA CLAVE DEL PADRE. PONTE EN SU LUGAR. ¿LO HAS HECHO ALGUNA VEZ? QUIZÁS ESTÉS LLAMADA/O A  CONVERTIR TU CORAZÓN AL AMOR INCONDICIONAL. 

DEJA QUE DIOS ACTÚE EN TI POR LA FUERZA DEL ESPÍRITU.

NO TENGAS MIEDO AL SILENCIO.
ENFRENTATE A ÉL CON PAZ, CON ALEGRÍA; ALLÍ EN LO MÁS PROFUNDO, EN TU CENTRO, DIOS QUIERE VENIR A HABITAR ... EL CÓMO SERÁ UNA SORPRESA. SÓLO ES NECESARIO PERMANECER, DEJARTE TOCAR Y  ABRAZAR  POR ÉL.

SI LLORAS DE ALEGRÍA NO TENGAS MIEDO DE TUS SENTIMIENTOS. DÉJALOS ESTAR Y VE A RECONCILIARTE CONTIGO MISMO Y CON TU HERMANO.  

música clásica: 
http://www.youtube.com/watch?v=EXui1fXb5Mw


LECTURAS Domingo 4º de Cuaresma C


Primera lectura

Lectura del libro de Josué (5,9a.10-12):
En aquellos días, el Señor dijo a Josué: «Hoy os he despojado del oprobio de Egipto.»
Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó. El día siguiente a la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ázimos y espigas fritas. Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.


Salmo

Sal 33,2-3.4-5.6-7

R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus angustias. R/.

http://www.youtube.com/watch?v=Joginn7G0ew


Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,17-21):
El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.


Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (15, 1-3.11-32):
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino adónde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."»


CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS 

Para no pocos, Dios es cualquier cosa menos alguien capaz de poner alegría en su vida. Pensar en él les trae malos recuerdos: en su interior se despierta la idea de un ser amenazador y exigente, que hace la vida más fastidiosa, incómoda y peligrosa.

Poco a poco han prescindido de él. La fe ha quedado "reprimida" en su interior. Hoy no saben si creen o no creen. Se han quedado sin caminos hacia Dios. Algunos recuerdan todavía "la parábola del hijo pródigo", pero nunca la han escuchado en su corazón.

El verdadero protagonista de esa parábola es el padre. Por dos veces repite el mismo grito de alegría: "Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado". Este grito revela lo que hay en su corazón de padre.

A este padre no le preocupa su honor, sus intereses, ni el trato que le dan sus hijos. No emplea nunca un lenguaje moral. Solo piensa en la vida de su hijo: que no quede destruido, que no siga muerto, que no viva perdido sin conocer la alegría de la vida.

El relato describe con todo detalle el encuentro sorprendente del padre con el hijo que abandonó el hogar. Estando todavía lejos, el padre "lo vio" venir hambriento y humillado, y "se conmovió" hasta las entrañas. Esta mirada buena, llena de bondad y compasión es la que nos salva. Solo Dios nos mira así.

Enseguida "echa a correr". No es el hijo quien vuelve a casa. Es el padre el que sale corriendo y busca el abrazo con más ardor que su mismo hijo. "Se le echó al cuello y se puso a besarlo". Así está siempre Dios. Corriendo con los brazos abiertos hacia quienes vuelven a él.

El hijo comienza su confesión: la ha preparado largamente en su interior. El padre le interrumpe para ahorrarle más humillaciones. No le impone castigo alguno, no le exige ningún rito de expiación; no le pone condición alguna para acogerlo en casa. Sólo Dios acoge y protege así a los pecadores.

El padre solo piensa en la dignidad de su hijo. Hay que actuar de prisa. Manda traer el mejor vestido, el anillo de hijo y las sandalias para entrar en casa. Así será recibido en un banquete que se celebra en su honor. El hijo ha de conocer junto a su padre la vida digna y dichosa que no ha podido disfrutar lejos de él.

Quien oiga esta parábola desde fuera, no entenderá nada. Seguirá caminando por la vida sin Dios. Quien la escuche en su corazón, tal vez llorará de alegría y agradecimiento. Sentirá por vez primera que en el misterio último de la vida hay Alguien que nos acoge y nos perdona porque solo quiere nuestra alegría.  José Antonio Pagola en  eclesalia.


TAMBIÉN TE PROPONGO LEER,   SIN PRISAS   Y 

DURANTE EL TIEMPO QUE QUEDA DE CUARESMA

EL LIBRO: "EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO" DE 

HENRI NOUWEN. 



Mª Celeste Crostarosa nos dice HOY:





Poseerás mi GOZO 
por PARTICIPACIÓN DE AMOR.

Diálogos 5,6









Oh Dios, Padre de corazón grande:

Cuando nos descarriamos,
cuando buscamos la falsa felicidad 
en la tierra oscura del pecado,
tú envías a tu Hijo a buscarnos
y a llevarnos de vuelta a tu casa.
Que sintamos profundamente  
tu vehemente anhelo
de acogernos con alegría
y restaurarnos en tu vida y en tu amor.
Danos el valor humilde de volver a ti,  
nuestro Dios y Padre         
por Jesucristo nuestro Señor.
(DE LA LITURGIA)

jueves, 21 de febrero de 2013

PODEMOS PERCIBIR ALGO DE SU IDENTIDAD MÁS PROFUNDA Y ESCONDIDA


ORACIÓN 


PUEDES LEER ESTE COMENTARIO AL EVANGELIO Y DESPUÉS EL EVANGELIO SABOREÁNDOLO.  SI TE DEJAS LLEVAR DEL ESPÍRITU DE JESÚS Y TE QUEDAS EN LA NUBE, EN LA EXPERIENCIA PROFUNDA EN LA QUE TE SIENTES AMADO HASTA LOS TUÉTANOS... NO HAGAS MÁS. PERMANECE Y GÓZATE. SI NO TIENES PALABRAS NO PASA NADA. EXPERIMENTAS A DIOS AMOR. Sinó pues lee los textos de aquí abajo hasta que te dejes encontrar por JESÚS.



ESCUCHAR A JESÚS

Los cristianos de todos los tiempos se han sentido atraídos por la escena llamada tradicionalmente "La transfiguración del  Señor". Sin embargo, a los que pertenecemos a la cultura moderna no se nos hace fácil penetrar en el significado de un relato redactado con imágenes y recursos literarios, propios de una "teofanía" o revelación de Dios.
Sin embargo, el evangelista Lucas ha introducido detalles que nos permiten descubrir con más realismo el mensaje de un episodio que a muchos les resulta
hoy extraño e inverosímil. Desde el comienzo nos indica que Jesús sube con sus discípulos más cercanos a lo alto de una montaña sencillamente "para orar", no para contemplar una transfiguración.
Todo sucede durante la oración de Jesús: "mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió". Jesús, recogido profundamente, acoge la presencia de su Padre, y su rostro cambia. Los discípulos perciben algo de su identidad más profunda y escondida. Algo que no pueden captar en la vida ordinaria de cada día.
En la vida de los seguidores de Jesús no faltan momentos de claridad y certeza, de alegría y de luz. Ignoramos lo que sucedió en lo alto de aquella montaña, pero sabemos que en la oración y el silencio es posible vislumbrar, desde la fe, algo de la identidad oculta de Jesús. Esta oración es fuente de un conocimiento que no es posible obtener de los libros.
Lucas dice que los discípulos apenas se enteran de nada, pues "se caían de sueño" y solo "al espabilarse", captaron algo.
Pedro solo sabe que allí se está muy bien y que esa experiencia no debería terminar nunca. Lucas dice que "no sabía lo que decía".
Por eso, la escena culmina con una voz y un mandato solemne. Los discípulos se ven envueltos en una nube. Se asustan pues todo aquello los sobrepasa. Sin embargo, de aquella nube sale una voz: "Este es mi Hijo, el escogido. Escuchadle". La escucha ha de ser la primera actitud de los discípulos.
Los cristianos de hoy necesitamos urgentemente "interiorizar" nuestra religión si queremos reavivar nuestra fe. No basta oír el Evangelio de manera distraída, rutinaria y gastada, sin deseo alguno de escuchar. No basta tampoco una escucha inteligente preocupada solo de entender.
Necesitamos escuchar a Jesús vivo en lo más íntimo de nuestro ser. Todos, predicadores y pueblo fiel, teólogos y lectores, necesitamos escuchar su Buena Noticia de Dios, no desde fuera sino desde dentro. Dejar que sus palabras desciendan de nuestras cabezas hasta el corazón. Nuestra fe sería más fuerte, más gozosa, más contagiosa.  José Antonio Pagola

EVANGELIO

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña para orar. Y, mientras oraba, el  aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que se iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: - Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: - Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle. Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto. Lucas 9, 28-36



ÁBRENOS EL CORAZÓN

Presentamos nuestras peticiones al Señor, 
para que nos libere de vivir centrados en nosotros 

y los nuestros, abriendo nuestro corazón al mundo.

Para que los que participamos de tu eucaristía 
nos sintamos responsables del alimento 
de los hermanos.  
Ábrenos el corazón

Para que nos vayamos liberando del deseo de consumir y tener, fruto de la empatía con tantos hermanos 
que hoy pasan hambre. 
Ábrenos el corazón

Padre, danos entrañas de misericordia y cercanía 
de corazón, para adivinar cómo podemos cada uno ayudar a los que tenemos al lado. 
Ábrenos el corazón.


Para que vivamos comprometidos con la mejora 
de este mundo y tu mensaje nos fortalezca 
y dinamice para hacer lo adecuado. 

Ábrenos el corazón.

Para que los políticos, los creyentes y toda la gente de buena voluntad pongamos todo el interés 
para que haya un mejor reparto de los bienes del mundo. Ábrenos el corazón

Tú, buen Padre Dios, 
que conoces nuestras buenas intenciones 
y nuestros corazones un poco raquíticos, 
recoge nuestros deseos y haznos cada día más hermanos de los seres humanos, 
te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. 
Mari Patxi Ayerra



Transfigúrame, Señor, transfigúrame

Quiero ser tu vidriera,
tu alta vidriera azul, morada y amarilla.
Quiero ser mi figura, sí, mi historia,
pero de ti en tu gloria traspasado
Transfigúrame, Señor, transfigúrame
Mas no a mí solo,
purifica también
a todos los hijos de tu Padre
que te rezan conmigo o te rezaron,
o que acaso ni una madre tuvieron
que les guiara a balbucir el Padrenuestro
Transfigúranos, Señor, transfigúranos
Si acaso no te saben, o te dudan
o te blasfeman, límpiales el rostro
como a ti la Verónica;
descórreles las densas cataratas de sus ojos,
que te vean, Señor, como te veo
Transfigúralos, Señor, transfigúralos
Que todos puedan, en la misma nube
que a ti te envuelve,
despojarse del mal  y revestirse
de su figura vieja y en ti transfigurada.
Y a mí, con todos ellos, transfigúrame
Transfigúranos, Señor, transfigúranos.
Amén.

http://catequesisdominical.blogspot.com.es/2013/02/domingo-ii-de-cuaresma-c.html

Mª Celeste Crostarosa nos deja HOY esta palabra:





Descubro que el aliento 

que respiro 

es participación de la vida
de aspiración del Espíritu 

en tu misma divinidad.

Diálogos 6 7

jueves, 14 de febrero de 2013

Jesús deja traslucir la belleza de Dios




Domingo 2 de Cuaresma – C


Hay días que amanecen igual que los demás. Y sin embargo terminan siendo distintos.

Aquel día Jesús invitó a sus tres más allegados a subir con El al monte.

No. No era una prueba de alpinismo.

Los invitó a orar. Por tanto, a hablar con Dios.


Para muchos la oración parece un tiempo perdido, cuando hay tanto que hacer.

Sin embargo, fue mientras Jesús oraba que se transfiguró delante de ellos.
No dice que ellos orasen. Pero sí fueron testigos de lo que es capaz de hacer la oración.


“Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, los vestidos brillaban de blancos”.
La mejor manera de enseñar a orar, no es hablar de la oración.
La mejor manera de enseñar a orar, es poniéndose uno en oración.
Porque es ahí donde uno descubre la importante que es la oración.
Porque es precisamente en la oración, en esa experiencia de Dios, donde Jesús se transfigura.

Mientras Jesús deja traslucir la belleza de Dios en él, también ellos se sienten “transformados”.
Sienten el asombro de lo que están viendo.
Sienten la alegría no que tenían mientras subían.
Sienten el gozo de que aquello que no termine.
“Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas”.
“Aquí nos quedamos”.

La experiencia de Dios despierta el corazón dormido.
La experiencia de Dios despierta las alegrías dormidas.
La experiencia de Dios despierta las ganas de sentirnos cerca de Dios.

Pero, Pedro, solo quiere quedarse en ese ambiente maravilloso.
Una experiencia que le hace olvidarse de que abajo en el llano están los otros.
Una experiencia que le hace olvidarse de que abajo en el llano los demás les esperan.
Una experiencia que le hace olvidarse de que abajo es donde los necesitan.
Pero entendió bien la oración como experiencia de lo maravilloso que es Dios.
Pero no entendió que la experiencia de Dios no es para quedarse a solas con ella.
No entendió que la experiencia de Dios tiene que llevarnos siempre al encuentro con los otros.

El maestro hizo una experiencia con sus discípulos.
Se lo pasaron estupendo.
Y cuando más felices estaban, el maestro les dice que “es hora de bajar”.
Los discípulos le dijeron: “Maestro, ¿no te da pena dejar estos momentos tan bonitos?”
Estos momentos tan bonitos, dijo el maestro, se disiparían pronto si los guardamos en la caja fuerte de nuestro corazón. Lo importante es prolongar la experiencia ahora con los demás.
La oración que encierra en uno mismo se convierte en un lago tranquilo sin salida.
La oración, como experiencia de Dios, se convierte en esos reservorios de agua de las ciudades, que tiene una serie de conductos que hace que el agua llegue a todas las casas de la ciudad.

La oración no es para pasarlo bien a solas.
La oración es para sentirnos bien cuando a estamos a solas con El.
La oración es para luego sentir que esa experiencia debe ser un dinamismo que nos conduce hacia los demás.
Oramos para descubrir a Dios.
Oramos para comunicar a los demás lo que hemos descubierto.
Oramos para anunciar a los demás que Dios es capaz de hacernos felices.
Oramos para anunciar a los demás que Dios solo se puede experimentar desde dentro.
Oramos para anunciar a los demás que Dios puede cambiar nuestras vidas.
Oramos no para hacernos constructores de tiendas donde lo pasemos bien.
Oramos no para quedarnos arriba en la cima del monte.
Oramos para bajar al llano con la nueva experiencia de Dios.

La oración no nos aísla, ni aunque seamos monjas de clausura.
La oración no nos hace solitarios, aunque vivamos en el claustro conventual.
La oración, como experiencia de Dios, nos abre más allá de nosotros mismos.
La oración, como experiencia de Dios, baja a nuestros pies para llevar la buena noticia a los demás.

No se puede hablar de Dios, si no le hemos experimentado.
No se puede anunciar a Dios, si no le hemos visto.
No se puede proclamar a Dios, si antes no hemos sido cogidos por su belleza.
No se puede hablar adecuadamente de Dios si antes no sentimos esa felicidad de quedarnos siempre con él, aunque luego tengamos que volver a encontrarnos con los hombres. Clemente Sobrado C. P.
En Camino Misionero


Orar es dialogar con Dios como con una persona con la que tengo confianza.

Es tratar con Dios como con un amigo íntimo. Como hacía Moisés con Dios, "Dios hablaba cara a cara con él como un hombre habla con su amigo" (Ex 33,11).

ORAR ES UN CAMINO, UN PROCESO, como el que hacemos en una AMISTAD.

No oran más lo que más saben sino los que más sienten: Necesitas un corazón humilde y sencillo para encontrarnos con Dios.

Te doy gracias, Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños Lc 10,21.

La raíz de la oración está en nosotros mismos. En nuestro corazón.

Orar es dejarnos AMAR POR EL QUE NOS HA CREADO y nos ha llamado a SER HIJOS DE DIOS.Es sabernos en los brazos de nuestro PADRE DIOS.

Orar es DEJARNOS AMAR POR EL QUE NOS AMÓ PRIMERO.

Orar es aprender a mirar a Jesús y sus actitudes dejándonos amar por Él en sus pensamientos, palabras, sentimientos acciones.

Orar es DESPERTAR e ir tomando conciencia cada vez más de nuestro verdadero SER.

Nunca puede ser una huída de nosotros mismos. Es siempre una llamada a comprometernos más y mejor con la realidad, con nuestros hermanos, con los que más sufren, con los que nos rodean.

Orar es como descubrir que estamos en la inmensidad del mar. Dios es el mar en el que nosotros vivimos, nos movemos y existimos.