viernes, 22 de marzo de 2013

A LAS PRIMERAS GENERACIONES CRISTIANAS LES AYUDABA A RECORDAR


ORAR CON LA PALABRA DEL Domingo de Pasión - Ciclo C


Entramos en la Gran Semana. HOY, si quieres orar, puedes coger la Palabra de Dios y llevarla al corazón. 

Haz silencio. Quédate en tu rincón habitual de oración. No cambies mucho de sitio. Puede dispersarte. Centra toda tu inteligencia, tu atención, tu voluntad y tus sentimientos en los de JESÚS.

Escucha sobre todo el relato de la Pasión y la actitud y palabras de Jesús.

Calla, calla, haz silencio en tu corazón, contempla, deja que la Palabra se encarne en ti.

A solas con tu Amado.

Si te resulta muy denso ... hazle alguna pregunta y escúchale contemplándole como uno-de-tantos, despojado, 'ante quien se vuelve el rostro', 'varón de dolores', humillado y exaltado sobre todo nombre.



Oración Colecta

Oh Dios, Padre nuestro:
Por medio de Jesús, tu Hijo, nos has mostrado
que el camino que conduce a la victoria
es el camino del servicio amoroso
y la disposición interior
para pagar el precio del sacrificio
por un amor fiel e inquebrantable.
Danos la mentalidad y la actitud de Jesús,
para que aprendamos a servir con él
y a amar, sin contar el precio, y sin medida.
Y que así lleguemos a ser victoriosos con él, 
Jesús Resucitado, que es Señor nuestro
por los siglos de los siglos.


Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (50,4-17):
Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído. Y yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado.

Salmo
Sal 21,2a.8-9.17-18a.19-20.23-24



R/. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Al verme, se burlan de mí,
hacen visajes, menean la cabeza:
«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;
que lo libre, si tanto lo quiere.» R/.

Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos. R/.

Se reparten mi ropa,
echan a suertes mi túnica.
Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R/.

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré.
Fieles del Señor, alabadlo;
linaje de Jacob, glorificadlo;
temedlo, linaje de Israel. R/.


Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (2,6-11):
Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz. Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Evangelio
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas (22,14–23,56):
C. Llegada la hora, se sentó Jesús con sus discípulos y les dijo:
+ «He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer, hasta que se cumpla en el reino de Dios.»
C. Y, tomando una copa, pronunció la acción de gracias y dijo:
+ «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid, hasta que venga el reino de Dios.»
C. Y, tomando pan, pronunció la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo:
+ «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.»

C. Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo:

+ «Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros. Pero mirad: la mano del que me entrega está con la mía en la mesa. Porque el Hijo del hombre se va, según lo establecido; pero, iay de ése que lo entrega!»

C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros quién de ellos podía ser el que iba a hacer eso. Los discípulos se pusieron a disputar sobre quién de ellos debía ser tenido como el primero. Jesús les dijo:

+ «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el primero entre vosotros pórtese como el menor, y el que gobierne, como el que sirve. Porque, ¿quién es más, el que está en la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está en la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve. Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo os transmito el reino como me lo transmitió mi Padre a mí: comeréis y beberéis a mi mesa en mi reino, y os sentaréis en tronos para regir a las doce tribus de Israel.»

C. Y añadió:

+ «Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.»

C. Él le contestó:

S. «Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte.»

C. Jesús le replicó:

+ «Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes que tres veces hayas negado conocerme.»

C. Y dijo a todos:

+ «Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?»

C. Contestaron:

S. «Nada.»

C. Él añadió:

+ «Pero ahora, el que tenga bolsa que la coja, y lo mismo la al forja; y el que no tiene espada, que venda su manto y compre una. Porque os aseguro que tiene que cumplirse en mí lo que está escrito: "Fue contado con los malhechores." Lo que se refiere a mi toca a su fin.»

C. Ellos dijeron:

S. «Señor, aquí hay dos espadas.»

C. Él les contestó:

+ «Basta.»

C. Y salió Jesús, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los discípulos. Al llegar al sitio, les dijo:

+ «Orad, para no caer en la tentación.»

C. Él se arrancó de ellos, alejándose como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba, diciendo:

+ «Padre, si quieres, aparta de mi ese cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya.»

C. Y se le apareció un ángel del cielo, que lo animaba. En medio de su angustia, oraba con más insistencia. Y le bajaba hasta el suelo un sudor como de gotas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró dormidos por la pena, y les dijo:

+ «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en la tentación.»

C. Todavía estaba hablando, cuando aparece gente; y los guiaba el llamado Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús. Jesús le dijo:

+ «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?»

C. Al darse cuenta los que estaban con él de lo que iba a pasar, dijeron:

S. «Señor, ¿herimos con la espada?»

C. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Jesús intervino, diciendo:

+ «Dejadlo, basta.»

C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del templo, y a los ancianos que habían venido contra él:

+ «¿Habéis salido con espadas y palos, como a caza de un bandido? A diario estaba en el templo con vosotros, y no me echasteis mano. Pero ésta es vuestra hora: la del poder de las tinieblas.»

C. Ellos lo prendieron, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote. Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron alrededor, y Pedro se sentó entre ellos. Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se lo quedó mirando y dijo:

S. «También éste estaba con él.»

C. Pero él lo negó, diciendo:

S. «No lo conozco, mujer.»

C. Poco después lo vio otro y le dijo:

S. «Tú también eres uno de ellos.»

C. Pedro replicó:

S. «Hombre, no lo soy.»

C. Pasada cosa de una hora, otro insistía:

S. «Sin duda, también éste estaba con él, porque es galileo.»

C. Pedro contestó:

S. «Hombre, no sé de qué me hablas.»

C. Y, estaba todavía hablando, cuando cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho: «Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces.» Y, saliendo afuera, lloró amargamente. Y los hombres que sujetaban a Jesús se burlaban de él, dándole golpes. Y, tapándole la cara, le preguntaban:

S. «Haz de profeta; ¿quién te ha pegado?»

C. Y proferían contra él otros muchos insultos. Cuando se hizo de día, se reunió el senado del pueblo, o sea, sumos sacerdotes y escribas, y, haciéndole comparecer ante su Sanedrín, le dijeron:

S. «Si tú eres el Mesías, dínoslo.»


C. Él les contestó:

+ «Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto, no me vais a responder. Desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha de Dios todopoderoso.»

C. Dijeron todos:

S. «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?»

C. Él les contestó:

+ «Vosotros lo decís, yo lo soy.»

C. Ellos dijeron:

S. «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su boca.»

C. Se levantó toda la asamblea, y llevaron a Jesús a presencia de Pilato. Y se pusieron a acusarlo, diciendo:

S. «Hemos comprobado que éste anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey.»

C. Pilato preguntó a Jesús:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»

C. Él le contestó:

+ «Tú lo dices.»

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:

S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre

C. Ellos insistían con más fuerza, diciendo:

S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde Galilea hasta aquí.»

C. Pilato, al oírlo, preguntó si era galileo; y, al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes, se lo remitió. Herodes estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento; pues hacía bastante tiempo que quería verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hizo un interrogatorio bastante largo; pero él no le contestó ni palabra. Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco. Herodes, con su escolta, lo trató con desprecio y se burló de él; y, poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron amigos Herodes y Pilato, porque antes se llevaban muy mal. Pilato, convocando a los sumos sacerdotes, a las autoridades y al pueblo, les dijo:

S. «Me habéis traído a este hombre, alegando que alborota al pueblo; y resulta que yo lo he interrogado delante de vosotros, y no he encontrado en este hombre ninguna de las culpas que le imputáis; ni Herodes tampoco, porque nos lo ha remitido: ya veis que nada digno de muerte se le ha probado. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré.»

C. Por la fiesta tenía que soltarles a uno. Ellos vociferaron en masa, diciendo:

S. «¡Fuera ése! Suéltanos a Barrabás.»

C. A éste lo habían metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un homicidio. Pilato volvió a dirigirles la palabra con intención de soltar a Jesús. Pero ellos seguían gritando:

S. «¡Crucificalo, crucificalo!»

C. Él les dijo por tercera vez:

S. «Pues, ¿qué mal ha hecho éste? No he encontrado en él ningún delito que merezca la muerte. Asi es que le daré un escarmiento y lo soltaré.»

C. Ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo el griterío. Pilato decidió que se cumpliera su petición: soltó al que le pedían (al que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su arbitrio. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús. Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban larnentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:

+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: "Dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado." Entonces empezarán a decirles a los montes: "Desplomaos sobre nosotros", y a las colinas: "Sepultadnos"; porque, si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?»

C. Conducían también otros malhechores para ajusticiarlos con él. Y, cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.. Jesús decía:

+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.»

C. Y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte. El pueblo estaba mirando. Las autoridades le hacían muecas, diciendo:

S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.»

C. Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:

S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.»

C. Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos.» Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:

S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.»

C. Pero el otro le increpaba:

S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.»

C. Y decía:

S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.»

C. Jesús le respondió:

+ «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.»

C. Era ya eso de mediodía, y vinieron las tinieblas sobre toda la región, hasta la media tarde; porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:

+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.»

C. Y, dicho esto, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa

C. El centurión, al ver lo que pasaba, daba gloria a Dios, diciendo:

S. «Realmente, este hombre era justo.»

C. Toda la muchedumbre que había acudido a este espectáculo, habiendo visto lo que ocurría, se volvía dándose golpes de pecho. Todos sus conocidos se mantenían a distancia, y lo mismo las mujeres que lo habían seguido desde Galilea y que estaban mirando. Un hombre llamado José, que era senador, hombre bueno y honrado (que no había votado a favor de la decisión y del crimen de ellos), que era natural de Arimatea, pueblo de Judea, y que aguardaba el reino de Dios, acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro excavado en la roca, donde no habían puesto a nadie todavía. Era el día de la Preparación y rayaba el sábado. Las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea fueron detrás a examinar el sepulcro y cómo colocaban su cuerpo. A la vuelta, prepararon aromas y ungüentos. Y el sábado guardaron reposo, conforme al mandamiento.



ANTE EL CRUCIFICADO

Detenido por las fuerzas de seguridad del Templo, Jesús no tiene ya duda alguna: el Padre no ha escuchado sus deseos de seguir viviendo; sus discípulos huyen buscando su propia seguridad. Está solo. Sus proyectos se desvanecen. Le espera la ejecución.

El silencio de Jesús durante sus últimas horas es sobrecogedor. Sin embargo, los evangelistas han recogido algunas palabras suyas en la cruz. Son muy breves, pero a las primeras generaciones cristianas les ayudaban a recordar con amor y agradecimiento a Jesús crucificado.

Lucas ha recogido las que dice mientras está siendo crucificado. Entre estremecimientos y gritos de dolor, logra pronunciar unas palabras que descubren lo que hay en su corazón: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Así es Jesús. Ha pedido a los suyos "amar a sus enemigos" y "rogar por sus perseguidores". Ahora es él mismo quien muere perdonando. Convierte su crucifixión en perdón.

Esta petición al Padre por los que lo están crucificando es, ante todo, un gesto sublime de compasión y de confianza en el perdón insondable de Dios. Esta es la gran herencia de Jesús a la Humanidad: No desconfiéis nunca de Dios. Su misericordia no tiene fin.

Marcos recoge un grito dramático del crucificado: "¡Dios mío. Dios mío! ¿por qué me has abandonado?". Estas palabras pronunciadas en medio de la soledad y el abandono más total, son de una sinceridad abrumadora. Jesús siente que su Padre querido lo está abandonando. ¿Por qué? Jesús se queja de su silencio. ¿Dónde está? ¿Por qué se calla?

Este grito de Jesús, identificado con todas las víctimas de la historia, pidiendo a Dios alguna explicación a tanta injusticia, abandono y sufrimiento, queda en labios del crucificado reclamando una respuesta de Dios más allá de la muerte: Dios nuestro, ¿por qué nos abandonas? ¿No vas a responder nunca a los gritos y quejidos de los inocentes?

Lucas recoge una última palabra de Jesús. A pesar de su angustia mortal, Jesús mantiene hasta el final su confianza en el Padre. Sus palabras son ahora casi un susurro: "Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu". Nada ni nadie lo ha podido separar de él. El Padre ha estado animando con su espíritu toda su vida. Terminada su misión, Jesús lo deja todo en sus manos. El Padre romperá su silencio y lo resucitará.

Esta semana santa, vamos a celebrar en nuestras comunidades cristianas la Pasión y la Muerte del Señor. También podremos meditar en silencio ante Jesús crucificado ahondando en las palabras que él mismo pronunció durante su agonía. José Antonio Pagola

PARROQUIA DE SAN VICENTE MÁRTIR. UNIDAD PASTORAL ABANDO-ALBIA. PASTORAL BARRUTIA. BILBAO. Tfno. 94 423 12 96. Web: http://sanvicentemartirdeabando.org


María Celeste nos dice HOY:


Esta mañana, día de domingo, fue a comulgar, y habiendo recibido la sagrada hostia, se le mostró nuestro Señor Jesucristo con su costado abierto, y recibiéndola en su corazón le dijo: Entra en esta llaga y yo te lavaré y te purificaré de todos tus pecados. Y al decir esto sintió el alma, con inexplicable suavidad, limpia y pura. Y le añadió el Señor que le había perdonado todos sus pecados. 
(Autobiografía) 





miércoles, 20 de marzo de 2013

Libros Papa Francisco - P. Fernando Prado



Me mandan este escrito y te lo paso tal cual: 
Te escribo para informarte que este jueves, día 21 de marzo (7:00 am hora española), en la web de nuestra asociación aparecerá una la entrevista realizada al P. Fernando Prado (cmf) editor de Publicaciones Claretianas en la que se trata sobre la publicación de los dos primeros libros del Papa Francisco en España. Lo interesante de la entrevista es lo que nos comunica información del Santo Padre a través de los comentarios sobre el modo escribir y perfil como autor literario. Además el P. Fernando comparte su opinión sobre lo que estas obras pueden aportar a dos temas que son muy actuales e interesantes: el Año de la Fe y la Nueva Evangelización.
Como existe un cierto desconocimiento del nuevo Papa, creo interesante que podáis utilizar la entrevista de forma parcial o total, para dar noticia en vuestros blogs de esta publicación y de lo que nos cuenta el P. Fernando de Su Santidad. Sin duda, los blogueros estamos llamados a colaborar con la Santa Sede en las labores informativas eclesiales. En el Blogger Meeting que se celebró en Roma en el año 2011, el Padre Federico Lombardi (portavoz de la Santa Sede) nos dijo que los blogueros éramos "la opinión pública de la Iglesia" y que nuestra misión se corresponde con el desafío de informar y formar a quienes no llegan los medios de comunicación convencional. Nuestra información y formación es más humana, ya que, aportamos la cercanía, veracidad y testimonio, que sustentan la evangelización.
Por lo tanto, te invito a formar parte de una cadena que proyecte al Papa Francisco a todo el mundo de manera veraz e ilusionante.
Mil gracias por hacer posible todo esto con tu blog. Que Dios te bendiga
http://www.youtube.com/watch?v=3ERQURYjAhg

Néstor Mora

Presidente de la Asoc. Blogueros con el Papa

Asociación Blogueros con el Papa
Sito Web:     www.bloguerosconelpapa.org
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sábado, 16 de marzo de 2013

HAZ EN TI LA VERDAD


0RANDO CON LA PALABRA DE DIOS

Domingo 5º de Cuaresma - Ciclo C







HOY te propongo, como siempre, que releas varias veces la Palabra de Dios, que cojas el Evangelio y lo leas en clave de mujer. 



Que te dejes llevar por los silencios del mismo evangelio: 
de Jesús, de la mujer.



Que te sitúes en tu verdad, que dejes que la mirada de amor de Dios te provoque conversión, cambio de actitud, cambio de mirada. 


La semana pasada experimentábamos la alegría del

 ENCUENTRO CON JESÚS. HOY de nuevo nos sale 

al encuentro.

Haz silencio, acalla tus ruidos exteriores e interiores. 

Déjate conducir por la mirada: JESÚS HOY HACE ALGO NUEVO EN TI, EN MI, EN LA 
IGLESIA... TODOS nos podemos poner en el lugar de la pecadora y también Jesús nos llama a ponernos en su lugar. Hay pecados más sutiles. Nuestra hipocresía es muy grande. SOMOS DE VERDAD UNA COMUNIDAD DE PECADORES CONTINUAMENTE SALVADOS. 


El viernes santo cantamos: "En Él está nuestra salvación, vida y resurrección. Él nos ha salvado y liberado. Nuestra gloria es la cruz del Señor".

Te sugiero que te dejes interpelar por JESÚS. QUE NO DIGAS NADA. QUE TE DEJES ENVOLVER POR SU AMOR. ÉL TE DIRÁ LO QUE TU CORAZÓN DESEA. 


"EN ADELANTE, NO PEQUES MÁS".



ORACIÓN  COLECTA


Oh Dios de vida:

Ésta es la Buena Noticia de salvación,

que nos proclamas hoy

por  medio de tu imagen viviente, 

Jesucristo:

El amor es más fuerte que la muerte;

tú quieres que el pecador viva

y que llegue a ser totalmente nuevo.

Haz que no vivamos por más tiempo

en el pasado del pecado,

sino que seamos libres para dar vida y para amar.

Danos un corazón tan compasivo para con los hermanos

como el tuyo, siempre indulgente y cariñoso para con nosotros.

Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.


Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (43,16-21):
Así dice el Señor, que abrió camino en el mar y senda en las aguas impetuosas; que sacó a batalla carros y caballos, tropa con sus valientes; caían para no levantarse, se apagaron como mecha que se extingue. No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis? Abriré un camino por el desierto, ríos en el yermo. Me glorificarán las bestias del campo, chacales y avestruces, porque ofreceré agua en el desierto, ríos en el yermo, para apagar la sed de mi pueblo, de mi escogido, el pueblo que yo formé, para que proclamara mi alabanza.

Salmo

Sal 125,1-2ab.2cd-3.4-5.6

R/. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres

Cuando el Señor cambió la suerte de Sión,
nos parecía soñar:
la boca se nos llenaba de risas,
la lengua de cantares. R/.
Hasta los gentiles decían:
«El Señor ha estado grande con ellos.»
El Señor ha estado grande con nosotros,
y estamos alegres. R/.

Que el Señor cambie nuestra suerte,
como los torrentes del Negueb.
Los que sembraban con lágrimas
cosechan entre cantares. R/..

Al ir, iba llorando, llevando la semilla;
al volver, vuelve cantando,
trayendo sus gavillas. R/.


Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses (3,8-14):
Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía, la de la Ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe. Para conocerlo a él, y la fuerza de su resurrección, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte, para llegar un día a la resurrección de entre los muertos. No es que ya haya conseguido el premio, o que ya esté en la meta: yo sigo corriendo a ver si lo obtengo, pues Cristo Jesús lo obtuvo para mí. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Sólo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante, corro hacia la meta, para ganar el premio, al que Dios desde arriba llama en Cristo Jesús.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,1-11):
En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?»

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.»

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.»

Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.»

COMENTARIO: AMIGO DE LA MUJER

Sorprende ver a Jesús rodeado de tantas mujeres: amigas entrañables como María Magdalena o las hermanas Marta y María de Betania. Seguidoras fieles como Salomé, madre de una familia de pescadores. Mujeres enfermas, prostitutas de aldea... De ningún profeta se dice algo parecido.
¿Qué encontraban en él las mujeres?, ¿por qué las atraía tanto? La respuesta que ofrecen los relatos evangélicos es clara. Jesús las mira con ojos diferentes. Las trata con una ternura desconocida, defiende su dignidad, las acoge como discípulas. Nadie las había tratado así.
La gente las veía como fuente de impureza ritual. Rompiendo tabúes y prejuicios, Jesús se acerca a ellas sin temor alguno, las acepta a su mesa y hasta se deja acariciar por una prostituta agradecida.

Los hombres las consideraban como ocasión y fuente de pecado. Desde niños se les advertía para no caer en sus artes de seducción. Jesús, sin embargo, pone el acento en la responsabilidad de los varones: «Todo el que mira a una mujer deseándola, ya ha cometido adulterio en su corazón».

Se entiende la reacción de Jesús cuando le presentan a una mujer sorprendida en adulterio, con intención de lapidarla. Nadie habla del varón. Es lo que ocurría siempre en aquella sociedad machista. Se condena a la mujer porque ha deshonrado a la familia y se disculpa con facilidad al varón.

Jesús no soporta la hipocresía social construida por el dominio de los hombres. Con sencillez y valentía admirables, pone verdad, justicia y compasión: «el que esté sin pecado que arroje la primera piedra». Los acusadores se retiran avergonzados. Saben que ellos son los más responsables de los adulterios que se cometen en aquella sociedad.

Jesús se dirige a aquella mujer humillada con ternura y respeto: «Tampoco yo te condeno». Vete, sigue caminando en tu vida y, «en adelante, no peques más». Jesús confía en ella, le desea lo mejor y le anima a no pecar. Pero, de sus labios no saldrá condena alguna.

¿Quién nos enseñará a mirar hoy a la mujer con los ojos de Jesús?, ¿quién introducirá en la Iglesia y en la sociedad la verdad, la justicia y la defensa de la mujer al estilo de Jesús?                            
 José Antonio Pagola


... Ahí se ve claro que ellos lo que desean es condenar a JESÚS y buscar una excusa que a ellos no les traiga complicaciones, por eso han traído a la mujer, la parte más débil, la que no tiene derecho a defenderse, eso es lo más fácil para ellos, pues no intentará salvarla nadie, ni su propia familia, ya que ellos la repudiarán. ...


A Jesús le gusta encontrarse con los  pobres y marginados,  con los que "no cuentan", y esa mujer "utilizada" por los jerarcas religiosos como pretexto para condenar a Jesús, va a tener la dicha de encontrarse con la mirada misericordiosa del Maestro, del Señor. ...


«Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado?» Ella contestó: «Ninguno, Señor.»


Guardad un momento de silencio y contemplad la escena: Jesús frente a la mujer, mirándola cara a cara, yo diría de igual a igual, devolviéndola con esa mirada suya la dignidad arrebatada por los que se creían "superiores", jueces y quizás verdugos. Ella, la mujer,  era la víctima en sus manos, que llevaban y traían a su antojo, para conseguir sus fines, que era ir a por Jesús. Ella, la mujer, en su cruce de miradas con Jesús, recobra su dignidad y encuentra su verdadera dimensión de hija de Dios, perdonada, abrazada, querida, levantada por el mismo Dios a través de Jesús. Ahora ya que ha conocido el verdadero amor al lado de Jesús,  no desea otra cosa que continuar en su cercanía, en esa amistad, en esa gracia, lejos del pecado.   Por eso hará suyas esas palabras de Jesús, dichas con todo el cariño: "En adelante no peques más". (De unos apuntes de Mª Cruz, Viaceli)



Dice Mª Celeste:

Tú, Verbo (JESÚS, la Palabra en acción), Sabiduría eterna,  compadecido de esta pobre mujer, te inclinaste, te abajaste, te humillaste hasta la tierra y, tomando carne humana, con el dedo de tu eterna sabiduría, sobre la tierra de tu sagrada humanidad, todos los pecados de la naturaleza humana, los pecados de todos los hombres, con caracteres de sangre, con las llagas sagradas de tu sagrado cuerpo.  Oh escritura tremenda en la que el pecador lee todos sus pecados y ve su eterna condenación.  Allí está su sentencia de muerte eterna.  
...
Entonces el alma hace justicia a su Dios, espera de él su salvación, porque Él, el HOMBRE DIOS, ESTÁ SENTADO EN EL TRONO DE SUS pobrezas y desprecios, Y ALLÍ HACE JUSTICIA AL PADRE DIOS EN LUGAR DEL ALMA AMANTE FIEL. (Del Jardín Interior 226-227.  Comentario a Jn 8 1-11)


  

viernes, 8 de marzo de 2013

HOY: ENCUENTRO SORPRENDENTE



HOY TE PROPONGO, COMO SIEMPRE, QUE PREPARES TU ORACIÓN LEYENDO ALGÚN COMENTARIO DEL EVANGELIO O LOS TEXTOS DEL DOMINGO.

AQUÍ TE DEJO ESTE DE JOSÉ ANTONIO PAGOLA QUE INCIDE BASTANTE EN LA PERSONA. Y TE PROPONGO QUE RELEAS EL EVANGELIO EN LA CLAVE DEL PADRE. PONTE EN SU LUGAR. ¿LO HAS HECHO ALGUNA VEZ? QUIZÁS ESTÉS LLAMADA/O A  CONVERTIR TU CORAZÓN AL AMOR INCONDICIONAL. 

DEJA QUE DIOS ACTÚE EN TI POR LA FUERZA DEL ESPÍRITU.

NO TENGAS MIEDO AL SILENCIO.
ENFRENTATE A ÉL CON PAZ, CON ALEGRÍA; ALLÍ EN LO MÁS PROFUNDO, EN TU CENTRO, DIOS QUIERE VENIR A HABITAR ... EL CÓMO SERÁ UNA SORPRESA. SÓLO ES NECESARIO PERMANECER, DEJARTE TOCAR Y  ABRAZAR  POR ÉL.

SI LLORAS DE ALEGRÍA NO TENGAS MIEDO DE TUS SENTIMIENTOS. DÉJALOS ESTAR Y VE A RECONCILIARTE CONTIGO MISMO Y CON TU HERMANO.  

música clásica: 
http://www.youtube.com/watch?v=EXui1fXb5Mw


LECTURAS Domingo 4º de Cuaresma C


Primera lectura

Lectura del libro de Josué (5,9a.10-12):
En aquellos días, el Señor dijo a Josué: «Hoy os he despojado del oprobio de Egipto.»
Los israelitas acamparon en Guilgal y celebraron la Pascua al atardecer del día catorce del mes, en la estepa de Jericó. El día siguiente a la Pascua, ese mismo día, comieron del fruto de la tierra: panes ázimos y espigas fritas. Cuando comenzaron a comer del fruto de la tierra, cesó el maná. Los israelitas ya no tuvieron maná, sino que aquel año comieron de la cosecha de la tierra de Canaán.


Salmo

Sal 33,2-3.4-5.6-7

R/. Gustad y ved qué bueno es el Señor
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
él lo escucha y lo salva de sus angustias. R/.

http://www.youtube.com/watch?v=Joginn7G0ew


Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,17-21):
El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado. Todo esto viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el ministerio de la reconciliación. Es decir, Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados, y a nosotros nos ha confiado la palabra de la reconciliación. Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios.


Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (15, 1-3.11-32):
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino adónde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."»


CON LOS BRAZOS SIEMPRE ABIERTOS 

Para no pocos, Dios es cualquier cosa menos alguien capaz de poner alegría en su vida. Pensar en él les trae malos recuerdos: en su interior se despierta la idea de un ser amenazador y exigente, que hace la vida más fastidiosa, incómoda y peligrosa.

Poco a poco han prescindido de él. La fe ha quedado "reprimida" en su interior. Hoy no saben si creen o no creen. Se han quedado sin caminos hacia Dios. Algunos recuerdan todavía "la parábola del hijo pródigo", pero nunca la han escuchado en su corazón.

El verdadero protagonista de esa parábola es el padre. Por dos veces repite el mismo grito de alegría: "Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y lo hemos encontrado". Este grito revela lo que hay en su corazón de padre.

A este padre no le preocupa su honor, sus intereses, ni el trato que le dan sus hijos. No emplea nunca un lenguaje moral. Solo piensa en la vida de su hijo: que no quede destruido, que no siga muerto, que no viva perdido sin conocer la alegría de la vida.

El relato describe con todo detalle el encuentro sorprendente del padre con el hijo que abandonó el hogar. Estando todavía lejos, el padre "lo vio" venir hambriento y humillado, y "se conmovió" hasta las entrañas. Esta mirada buena, llena de bondad y compasión es la que nos salva. Solo Dios nos mira así.

Enseguida "echa a correr". No es el hijo quien vuelve a casa. Es el padre el que sale corriendo y busca el abrazo con más ardor que su mismo hijo. "Se le echó al cuello y se puso a besarlo". Así está siempre Dios. Corriendo con los brazos abiertos hacia quienes vuelven a él.

El hijo comienza su confesión: la ha preparado largamente en su interior. El padre le interrumpe para ahorrarle más humillaciones. No le impone castigo alguno, no le exige ningún rito de expiación; no le pone condición alguna para acogerlo en casa. Sólo Dios acoge y protege así a los pecadores.

El padre solo piensa en la dignidad de su hijo. Hay que actuar de prisa. Manda traer el mejor vestido, el anillo de hijo y las sandalias para entrar en casa. Así será recibido en un banquete que se celebra en su honor. El hijo ha de conocer junto a su padre la vida digna y dichosa que no ha podido disfrutar lejos de él.

Quien oiga esta parábola desde fuera, no entenderá nada. Seguirá caminando por la vida sin Dios. Quien la escuche en su corazón, tal vez llorará de alegría y agradecimiento. Sentirá por vez primera que en el misterio último de la vida hay Alguien que nos acoge y nos perdona porque solo quiere nuestra alegría.  José Antonio Pagola en  eclesalia.


TAMBIÉN TE PROPONGO LEER,   SIN PRISAS   Y 

DURANTE EL TIEMPO QUE QUEDA DE CUARESMA

EL LIBRO: "EL REGRESO DEL HIJO PRÓDIGO" DE 

HENRI NOUWEN. 



Mª Celeste Crostarosa nos dice HOY:





Poseerás mi GOZO 
por PARTICIPACIÓN DE AMOR.

Diálogos 5,6









Oh Dios, Padre de corazón grande:

Cuando nos descarriamos,
cuando buscamos la falsa felicidad 
en la tierra oscura del pecado,
tú envías a tu Hijo a buscarnos
y a llevarnos de vuelta a tu casa.
Que sintamos profundamente  
tu vehemente anhelo
de acogernos con alegría
y restaurarnos en tu vida y en tu amor.
Danos el valor humilde de volver a ti,  
nuestro Dios y Padre         
por Jesucristo nuestro Señor.
(DE LA LITURGIA)